Bahía de Guantánamo, Cuba. EN ESTA base naval, cuelga entre dos columnas de concreto un atractivo tablero electrónico que da la hora y la temperatura e incluye, en esmalte amarillo con fondo azul, un mapa de Cuba, la Perla de las Antillas. El tablero reza: Bienvenidos a Bordo.

El costo de la marquesina: 188,000 dólares. Otra curiosidad que integra el legado de gastos de la guerra contra el terrorismo desde el 2001 es una cancha abandonada de voleibol de 249,000 dólares, una pista sin usar de go karts de 296,000 y 3.5 millones dedicados a 27 áreas de recreo que con frecuencia están vacías.

El Pentágono se ha gastado 683,000 dólares en renovar una cafetería, que vende helados y café Starbucks, y 773,000 en remodelar un edificio que alberga un restaurante KFC/Taco Bell. Dichos gastos son parte de los 500 millones de dólares erogados para transformar lo que fue una base del Caribe olvidada y agobiada por el sol, en una de las instalaciones militares más seguras del mundo. La suma no incluye bonos de construcción, que típicamente suman millones más.

Tampoco incluye los costos de operación que suman 150 millones de dólares al año, el doble de una prisión militar comparable en EU, de acuerdo con la Casa Blanca. Si agregamos factores fuera de presupuesto como el ultrasecreto Campo 7 para detenidos de alta peligrosidad (conocido como el Campo Platinum), el costo de la renovación de la base de 45 millas cuadradas desde el 2001 con facilidad llegaría a 2,000 millones de dólares.

El gobierno de Obama quiere cerrar la parte de detenciones y reubicarla en una prisión en Illinois, pero eso se ve cada vez más como un proyecto de largo plazo. Si el Presidente llega a tener éxito, el Pentágono dejaría atrás un recién remodelado campamento militar con serias dudas, sobre si lo que el exsecretario de la Defensa Donald Rumsfeld una vez llamó un lugar menos peor para sospechosos de terrorismo valió el gasto. 

En el primer reporte público de lo que se ha gastado en la base desde que empezaron a llegar los primeros detenidos en enero del 2002, The Washington Post obtuvo de los militares un desglose pormenorizado de las erogaciones de capital, que van desde lo mundano hasta lo exótico. Muchos de los gastos son para recrear un entorno suburbano estadounidense en un contexto tropical, para comodidad del personal militar y contratistas que manejan las operaciones de detenidos.  

Se gastaron varios millones en campos de futbol americano y beisbol con pasto artificial que serían la envidia de jugadores profesionales, y 13 millones de dólares en un tribunal junto a Campo Platinum, que parece diseñado exprofeso para Khalid Sheik Mohammed, el autoproclamado autor intelectual de los ataques terroristas del 11 de septiembre del 2001 y sus cuatro coacusados. Hoy hay 181 detenidos, contra un pico de 680 en mayo del 2003.

El comandante de la base, capitán Steve Blaisdell, dice que el gasto está justificado porque Gitmo, como conoce la tropa a la base, es un puesto remoto y aislado, sin acceso a una comunidad fuera de la base y debe ser autosuficiente.