El Cairo. El más alto tribunal de apelaciones de Egipto anuló ayer la condena de Hosni Mubarak y ordenó un nuevo juicio para el expresidente por no haber impedido la matanza de cerca de 900 manifestantes durante el levantamiento del 2011 que derrocó su régimen de 29 años. Ésta es una mirada a las posibles repercusiones de la decisión:

Un nuevo proceso podría producir un veredicto de no culpable, confirmar la condena de Mubarak o reducirla. Sin embargo, nuevas pruebas pueden condenar al depuesto líder, un escenario que podría apaciguar a las familias de las víctimas.

Para el sucesor de Mubarak, el islamista Mohammed Morsi, es probable que un nuevo juicio sea una distracción no deseada en su intento de restaurar la ley y el orden, y lidiar con una economía dañada, así como las consecuencias del desastre del mes pasado provocado por una nueva constitución redactada por sus aliados islamistas y rápidamente adoptada en una sesión a finales de noviembre.

Un nuevo juicio podría negar el tan necesario cierre al mismo tiempo que el aún volátil país se prepara para las elecciones parlamentarias en unos tres meses, que Morsi y sus aliados islamistas están decididos a ganar. También podría revivir las demandas de una purga más profunda de aquellos vistos como remanentes de la vieja era.

El tema de los mártires de la revolución es sensible en Egipto, con las familias de las víctimas que exigen retribución y compensación. Estarían encantados de ver a Mubarak y a los seis principales comandantes de policía en la jaula de los acusados una vez más, pero no hay garantías de que serán condenados por ordenar la mortal represión.