Madrid. El jefe de gobierno Pedro Sánchez comenzó una negociación con los independentistas catalanes para tratar de reconducir una crisis que dura años y de la que depende su estabilidad en el poder en España.

Durante más de 3 horas, el gobierno central acogió por la tarde a la importante delegación catalana desplazada a Madrid y encabezada por el presidente regional catalán, el independentista Quim Torra.

Nadie se había hecho ilusiones sobre este primer encuentro, que terminó en un comunicado conjunto donde apostaron por buscar una solución política a este conflicto que en octubre del 2017 llevó a una tentativa de secesión en esta región nororiental.

Los independentistas organizaron entonces un referéndum de autodeterminación y proclamaron una fallida República que sacudió España y llevó a los líderes catalanes a la cárcel o el exilio.

“Todavía nos encontramos en las antípodas”, reconoció la vocera del gobierno español, María Jesús Montero.

“Se trata de una negociación compleja y, por tanto, no esperamos frutos en el corto plazo”, insistió la vocera, llamando a buscar soluciones “creativas e imaginativas”.

Iniciar este diálogo es la condición de uno de los dos grandes partidos separatistas, la Izquierda Republicana de Cataluña (ERC), para sostener al gobierno en minoría de Sánchez y eventualmente apoyar sus presupuestos para el 2020.

La luz verde a estas cuentas, que deberían permitir un aumento del gasto social, daría aire al jefe de gobierno socialista en la Legislatura, con la posibilidad de prorrogarlas en los ejercicios posteriores.

En cambio, un fiasco lo acercaría a la convocatoria de elecciones anticipadas, como ya hizo en el 2019 cuando los independentistas catalanes le retiraron su apoyo.

La primera prueba será el día de hoy cuando ERC debe decidir si apoya en el Congreso el límite de gasto estatal para el 2020, un trámite indispensable para los presupuestos.

Reforma del código penal

Lejos de la tensión existente en el 2017, o incluso en octubre del 2019, cuando la sentencia condenatoria a nueve dirigentes separatistas despertó fuertes protestas en Cataluña, ambos gobiernos escenificaron cordialidad.

Los integrantes de ambas delegaciones pasearon ante las cámaras por los jardines del Palacio de la Moncloa y Sánchez y Torra se estrecharon las manos frente a la sede del gobierno, decorada con banderas españolas y catalanas.

Al terminar, acordaron reunirse mensualmente de forma alternativa en Madrid y Barcelona y se comprometieron a buscar “una solución política” al conflicto “en el marco de la seguridad jurídica”.

El presidente regional lamentó no haber obtenido respuesta a sus dos grandes reivindicaciones: un referéndum de autodeterminación y una amnistía para los condenados y los exiliados por el intento de secesión del 2017.

“El debate abierto y con libertad de planteamientos ha servido también para poner de manifiesto la discrepancia y la distancia entre las dos partes”, lamentó en su comparecencia.

La política regional complica la situación para ERC, partido fundado en 1931 para defender la independencia de Cataluña, en plena competencia por el liderazgo nacionalista con sus aliados de gobierno de Juntos por Cataluña, enmarcados en la centroderecha separatista.