Día a día, el presidente Donald Trump se encuentra políticamente abandonado. Por segundo fin de semana consecutivo se quedó en Washington: tuiteó por la mañana, sostuvo reuniones en la Casa Blanca y jugó golf en su club de Virginia, siempre rodeado de ayudantes y clientes, pero políticamente aislado.

Su imagen sale reprobada en las encuestas, no cuenta con los suficientes aliados en el Congreso para impulsar sus reformas y de una buena parte del mundo recibe críticas por su visión nacionalista. A finales de este mes, Trump cumplirá 100 días en el cargo y por el momento lucha por construir alianzas en el Congreso porque los enemigos republicanos que tuvo durante la campaña han regresado para colocarle obstáculos. Y ni hablar de los demócratas.

David Gergen, exasesor de presidentes desde la época de Richard Nixon revela que Trump se siente agitado porque no sabe dónde encontrar aliados naturales . El resultado ha sido una Presidencia carente de victorias importantes, acosado por no sacar adelante promesas fundamentales para él, como el plan de salud que sustituya al Obamacare o el veto migratorio a países con mayoría musulmana que hasta en dos ocasiones el poder Judicial le ha rechazado.

En el ámbito internacional, Trump ha recibido críticas por la orden ejecutiva relativa al medio ambiente con la que olvida los compromisos del anterior presidente.

Su idea de incrementar el gasto en materia militar y en la construcción del muro fronterizo han encontrado reticencias no sólo entre demócratas sino también entre republicanos poniendo en riesgo la aprobación del presupuesto del año fiscal 2017.

Michael Steele, expresidente del Comité Nacional Republicano, asegura que parte de los problemas de Trump se los ha autoimpuesto.

Parte de los jugadores clave del Congreso no encuentran posibilidad de vincularse con una persona como el presidente, que tiene 70 años de edad y es renuente a flexibilizar sus posturas. Lo conocen, han sostenido reuniones con él pero no existe empatía , asegura Steele.

La semana pasada, la Casa Blanca recurrió a amenazas contra demócratas y miembros de su propio partido por no haber aprobado la ley de salud, una propuesta defendida por el republicano Paul Ryan pero criticado por los radicales. Las batallas le han salido caras a Trump, pues desde que se implementaron las encuestas de popularidad en época de Truman, Donald Trump ha sido el presidente con la peor popularidad en los primeros dos meses de gestión. La falta de popularidad les da valor para tomar decisiones arriesgadas y antipopulares, comenta Ari Fleischer, exasesor de George W. Bush.

Christopher Ruddy, el ejecutivo jefe de NewsMax Medios y amigo de Trump, dijo que la lección aprendida dentro de la Casa Blanca es que deben tener más cuidado cuando se trata de buscar la confianza en el Congreso.

Lo que quizá no ha entendido Trump es que los congresistas votan lo que prometieron a la demografía de sus respectivos distritos; son ellos, y no Trump, quienes los votaron. Ellos no necesariamente votarán todo lo que les pida el presidente.

Por el momento, Donald Trump estará pensando en la forma de salir de la impopularidad y de la soledad.