Exactamente 100 personas recibieron impactos de bala, algunas de ellas hasta ocho veces, antes de que su verdugo se entregara a la policía. De las 69 personas que murieron, 56 recibieron disparos en la cabeza. Uno se ahogó y otro cayó de un acantilado mientras intentaba huir del caos.

La acusación presentada el miércoles contra el asesino confeso y ultraderechista Anders Beh¬ring Breivik, describe con detalle el macabro horror desencadenado en un campamento de juventud política el 22 de julio.

El pánico y el miedo entre los niños, jóvenes y adultos se desató durante el tiroteo para luego intensificarse por el hecho de que había pocas posibilidades de escapar o esconderse , expusieron los fiscales en un documento de 19 páginas en el cual se acusa a Breivik de terrorismo y asesinato premeditado.

Breivik, de 33 años, ha confesado ser autor de la masacre en la isla de Utoya y de una explosión que mató a ocho personas en Oslo el mismo día, pero niega la culpabilidad penal. En audiencias previas al juicio, ha definido a las víctimas como traidores por abrazar las políticas de inmigración, que según afirma, dará lugar a una colonización islámica de Noruega.

El caso es único en esta pacífica nación que nunca había visto asesinatos masivos y ataques terroristas, el cual destaca también internacionalmente debido al número de víctimas del tiroteo.