Creo que el Islam nos odia , dijo Donald Trump el mes pasado en CNN. Hay algo con un tremendo odio ahí. Tenemos que llegar al fondo del mismo. Hay un odio increíble hacia nosotros .

La redacción de Trump aquí es importante, tan casual como el republicano presidencial puede a veces ser con el lenguaje. Es el Islam el que nos odia, no los musulmanes individuales, no es un sector radical, sino una religión entera que, en diversos grados, es seguida por más de 1,000 millones de personas. Ademas, tenemos que sondear las profundidades de esta vasta y ondulante entidad llegar al fondo de esto , dice y, presumiblemente, de alguna manera, derrotarla.

Mientras tanto, Trump ha propuesto la prohibición de todas las llegadas de musulmanes a Estados Unidos, el cierre de mezquitas, la vigilancia de comunidades musulmanes existentes y el uso de la tortura. Él ha rechazado la difícil situación de cientos de miles de refugiados. Es por aquellas afirmaciones generales y gestos que un grupo activista británico satíricamente le otorgó el premio del Islamófobo del Año.

Pero Trump no es el único. Él sólo refleja de forma más contundente el sentimiento antimusulmán que ha permeado la conversación política en Occidente. El espectro del Islam del odio de Trump se ha incrementado aún más a raíz de los ataques terroristas en París y Bruselas, llevados a cabo por los apoderados del Estado Islámico. Ha alimentado las crecientes divisiones sobre el futuro de Europa y ha ensombrecido la carrera presidencial en Estados Unidos.

Una amplia gama de personas ve al Islam como un problema en ambos lados del Atlántico incluyendo los científicos ateos, las celebridades liberales y los fanáticos de extrema derecha . Otros han insistido en el vínculo entre la violencia de los extremistas y la naturaleza de sus creencias islámicas.

La semana pasada, el primer ministro francés reflexionó sobre si el Islam en última instancia podría ser compatible con los valores seculares de su país. Otros en Francia están más convencidos de que no puede ser. Un reciente editorial de Charlie Hebdo, el periódico francés satírico que fue atacado por militantes vinculados a Al-Qaeda, agrupó a los militantes que llevaron a cabo las masacres en las capitales europeas junto a los musulmanes devotos y argumentó que el multiculturalismo occidental ha permitido al yihadismo florecer.

En realidad, los ataques son simplemente la parte más visible de un iceberg muy grande , declaró el preiódico. Ellos son la última fase de un proceso de intimidación y silenciamiento que lleva mucho tiempo en movimiento y en la mayor escala posible.

Como lo observó mi colega, James McAuley, incluso hay una reacción en contra de la noción misma de islamofobia entre algunos intelectuales en Francia. El antirracismo, dice el filósofo francés en boga, Alain Finkielkraut, será al siglo XXI lo que era el comunismo al siglo XX . Su opinión es compartida por muchos conservadores estadounidenses.

La falacia de un choque de civilizaciones

¿Pero vale la pena luchar una guerra cultural? Por supuesto, el Islam no es una cosa monolítica. Ha sido abrazado por multitudes que hablan diferentes idiomas, tienen distintos pensamientos y se enfrentan con diferentes retos cada día. No tiene una institución gobernante al centro, ni tampoco hay escasez de debates internos y cismas.

Algunos analistas destacan que los ataques contra el Islam no son realmente acerca de la religión, per se. Su ‘racismo cultural’ retrata a los musulmanes como una irremediable quinta columna yihadista , escribió el periodista y crítico Adam Shatz en un incisivo ensayo sobre el editorial de Charlie Hebdo y sus impulsores. Su miedo al Islam tiene menos que ver con la religión que con las personas que lo practican .

Eso se reflejó en la cara de la crisis migratoria de Europa, cuando los temores de una quinta columna yihadista consumieron a un segmento del público occidental y dieron forma a la respuesta de lo que los grupos de ayuda y la ONU declararon desesperadamente que era, ante todo, una tragedia humanitaria en el Medio Oriente. Dada la violencia en Bruselas y París, estos temores son comprensibles. Pero es el caso de ver un gran bosque cuando sólo hay unos cuantos árboles.

Afirmar que Europa se enfrenta a una invasión musulmana se ha convertido en estándar para un rango de políticos y partidos políticos en Europa , dijo Nate Schenkkan, director del proyecto detrás de un reciente informe de Freedom House en el auge de las políticas liberales en algunas partes del continente. Este tipo de discurso socava la democracia al rechazar uno de sus principios fundamentales: la igualdad ante la ley. Existe el peligro de que este tipo de discurso de odio paranoico dará lugar a la violencia contra las minorías y los refugiados .

Sin embargo, este discurso paranoico y de odio tiene sus usos políticos obvios. Los ardientes populistas en ambos lados del charco han destacado la amenaza del islam cuando hacen campaña, a menudo con éxito, en las recientes elecciones locales.

El problema es que fijar la radicalización y la criminalidad de una pequeña minoría en comunidades enteras incluso en toda una religión oscurece más de lo que revela. Reduce a la abstracción lo que son los problemas mucho más complicados e importantes a considerar, tales como las fallas en seguridad e inteligencia, o los problemas de asimilación e integración.

Asimismo, como una miríada de expertos sobre la política antiterrorista y el Medio Oriente han argumentado, comercia en la misma lógica que es empleada por las organizaciones islamistas.

Promover un choque de civilizaciones y la destrucción de la realidad de la convivencia productiva entre musulmanes y no musulmanes siempre estuvo en el centro de la estrategia de al-Qaeda. El Estado Islámico ha confesado el mismo objetivo de eliminar las zonas grises de la tolerancia , escribió Marc Lynch, profesor de relaciones internacionales en la Universidad George Washington. Con el discurso político de Estados Unidos en estos días, las perspectivas para escapar de la lógica de hierro de esta estrategia nunca se han visto más lúgubres .

Esto no quiere decir que la religión no es importante o que no tiene nada que ver con los motivos ideológicos de los terroristas que matan claramente en su nombre. Tampoco se debe pasar por alto que las actitudes de algunos musulmanes europeos divergen preocupantemente de la corriente liberal, como se ilustra mediante una polémica encuesta de los musulmanes británicos divulgada la semana pasada.

Shadi Hamid, del Brookings Institution, por ejemplo, ha llamado a un matizado e informado debate sobre cómo las motivaciones y el contexto político (como las guerras civiles o déficits de gobierno) interactúan en el caso del Estado Islámico y otros movimientos influenciados por la religión .

Los matices y una comprensión de fondo de las cuestiones, como WorldViews ha señalado en repetidas ocasiones, son dos cosas que no son particularmente evidentes en la actual conversación política estadounidense sobre el Islam, los musulmanes y el terrorismo. Las investigaciones posteriores de los militantes que participaron en los ataques de París y Bruselas han encontrado que algunos tenían muy poco fervor ideológico o conocimiento real de la doctrina islámica. La premisa de que el Islam nos odia no es un punto de partida útil para comprender la naturaleza de su radicalización y la alienación de la sociedad que les rodea.

Si se trata de buscar matices, considera este texto reciente realizado por el erudito británico Kenan Malik, un laico que ha defendido los temas de libertad de expresión y el racionalismo científico.

Debemos estar justamente preocupados con el grado de actitudes sociales liberales dentro de las comunidades musulmanas, especialmente porque eran muy diferentes hace apenas una generación. No debemos simplemente encoger los hombros y decir ‘Eso es lo que sucede en una sociedad plural’ , escribe.

Pero eso, según Malik, requiere considerar un conjunto complejo y a veces distintas cuestiones: la construcción de una política de identidad de la sociedad británica; la distinción entre la participación de puntos de vista no liberales y de no integración; la forma en que muchos extremistas europeos se vuelven religiosos sólo después de que se han unido a organizaciones radicales.

El Antiliberalismo, la integración y el yihadismo son cuestiones urgentes a las que necesitamos hacerle frente , escribe Malik. Pero no vamos a hacerles frente ninguna mediante la elaboración de enlaces fáciles entre ellas .

Ishaan Taroor escribe sobre política exterior para The Washington Post.