El Cairo. anoche, una multitud de jóvenes egipcios indignados por una sangrienta lucha luego de un partido de fútbol se enfrentó con las fuerzas de seguridad afuera del Ministerio del Interior en El Cairo, mientras que el agresivo episodio amenaza con sumir al país en un nuevo círculo vicioso de recriminaciones y violencia.

Más de 260 personas resultaron heridas ayer por la noche, la mayoría, por inhalación de gas lacrimógeno, de acuerdo con las declaraciones de un funcionario del Ministerio de Salud a la televisión estatal. El Ministerio del Interior indicó en un comunicado que los manifestantes intentaban derribar las barricadas para irrumpir en el edificio.

Las autoridades egipcias se comprometieron a llegar al fondo de los enfrentamientos del miércoles en Puerto Saíd, y declararon un periodo de tres días de duelo por las 74 personas que perdieron la vida durante la brutal pelea entre los aficionados de dos equipos de futbol.

Asombrados por la brutalidad que se produjo a raíz de una serie de raros y violentos episodios, los egipcios señalaron a los siniestros planes de los agentes nacionales y extranjeros a quienes acusan de tratar de sabotear los objetivos de los revolucionarios que destronaron al Presidente Hosni Mubarak hace un año.

Los jóvenes aficionados, conocidos como ultras, se han convertido en un elemento de protestas contra la cúpula militar gobernante en el país y parecían convencidos de que la pelea había sido de alguna manera incitada por los generales.

Mataron a nuestros jóvenes, nos están matando. Son totalmente responsables. Esto fue planeado. No vamos a permitir que más sangre sea derramada , indicó Aya Ibrahim, un joven asistente a la plaza Tahrir.

Aproximadamente una hora después de la puesta de sol, grandes multitudes de hombres jóvenes se dirigieron hacia la sede del Ministerio del Interior, a pocas cuadras de Tahrir. Las fuerzas de seguridad trataron de evitar que irrumpieran en el edificio disparando balas de goma y gases lacrimógenos, de acuerdo con testigos.

Las escenas fueron una reminiscencia de los mortales enfrentamientos de noviembre entre la policía y los manifestantes.

Muchos egipcios vieron los acontecimientos del día como lo que, creen, se trata de una ola de maldad orquestada con motivos políticos.