Funcionarios de Kirguistán realizaban el sábado los últimos preparativos para un referéndum constitucional, en medio de una atmósfera de temor luego de los peores actos de violencia étnica vistos en la historia moderna del país.

La líder interina Roza Otunbayeva, que asumió el poder en abril luego de disturbios callejeros que derrocaron al presidente Kurmanbek Bakiyev, ha rechazado llamados para posponer el referéndum tras los choques de este mes entre kirguisos y uzbekos.

Al menos 275 personas perdieron la vida y otros cientos de miles fueron desplazados. Partes del volátil sur del país están en ruinas.

Otunbayeva asegura que la votación debe realizarse para crear un nuevo sistema de Gobierno que otorgue mayor autoridad a un Parlamento democrático, un dramático cambio para una región del centro de Asia que estuvo dominada por ex líderes soviéticos.

En una escuela uzbeka que se incendió en la ciudad sureña de Osh, el techo se había derrumbado y el suelo estaba cubierto por una espesa capa de fragmentos de vidrios rotos y libros de texto quemados. Un edificio cercano de talleres de alumnos se convirtió en una improvisada mesa de votación.

Una bandera nacional kirguisa fue clavada en una pared y funcionarios colocaron una urna, mientras el lugar era vigilado por tres soldados que portaban rifles Kalshnikov.

"Este edificio está menos destruido, así que decidimos realizar el referéndum aquí. Confío que la gente saldrá y votará aquí. Todos somos uzbekos aquí, así que es seguro venir", dijo Gulnara, un organizador local del referéndum.

Justo fuera del centro de la ciudad, una escuela elite de la era soviética de Kirguistán, indemne pese a enfrentamientos graves, también se preparaba para el plebiscito, con un grupo de funcionarios electorales kirguisos controlando urnas en el aula de álgebra.

"En la actualidad sólo hay anarquía y caos en Osh. Debemos terminar todo esto, por eso queremos el referéndum", dijo la presidenta de la estación electoral, Ainura Eshmatova. "Respecto a los uzbekos, es su decisión votar o no. Nadie puede forzarlos a votar", sostuvo.

En un cementerio en las afueras de Osh, soldados desenterraron y se llevaron cuerpos de víctimas de la violencia, provocando la ira de los residentes que querían una adecuada investigación antes que los cadáveres se degraden.

"Vinieron soldados y los desenterraron. Se los llevaron, esos que no habían sido identificados", dijo un hombre que pidió no ser identificado. "Nuestra gente no quería que se hiciera esto a menos que hubiera una comisión oficial", indicó.

Añadió que sólo uzbekos estaban enterrados en el lugar y que algunos restos sólo eran pilas de huesos carbonizados.