El asesino de masas noruego Anders Behring Breivik fue condenado a la máxima pena en prisión el viernes después de que los jueces lo declararan lo suficientemente cuerdo para responder por el asesinato de 77 personas el año pasado, lo que generó una sonrisa de triunfo en el autoproclamado guerrero contra el Islam.

Breivik, de 33 años y que no se ha arrepentido de sus actos, hizo ante el tribunal de Oslo el saludo nazi antes de que se lo condenara a la mayor pena posible, 21 años.

Sin embargo, la puesta en libertad del condenado puede ser aplazada indefinidamente si aún supone una amenaza para la sociedad civil, que quedó traumatizada por el tiroteo y la bomba del pasado julio.

Justificando sus actos de colocar una bomba frente a una oficina gubernamental y tirotear a docenas de adolescentes en un campamento como un servicio a la nación amenazada por la inmigración, Breivik había dicho que sólo la absolución o la muerte serían resultados justos. Pero su principal preocupación era ser declarado demente, algo que dijo que apelaría.

La juez Wenche Elizabeth Arntzen rechazó la petición de la fiscalía de declararlo loco, una decisión que lo habría confinado indefinidamente a un centro psiquiátrico en lugar de una prisión.

Algunos sobrevivientes de la masacre en el campamento del Partido Laborista en Utoya querían que Breivik fuera declarado responsable de sus actos y evitara el veredicto de locura que hubiera desembocado en audiencias de apelación largas y traumáticas.

Pero para muchos noruegos, aún conmocionados por el día más sangriento desde la Segunda Guerra Mundial, los detalles eran anecdóticos.

"Ha obtenido lo que se merece", dijo Alexandra Peltre, de 18 años, a quien Breivik disparó en el muslo en Utoya. "El karma se está volviendo contra él. No me importa si está loco o no, mientras reciba el castigo que merece", añadió.

Breivik, que se rindió ante la policía en la isla, admitió haber colocado una bomba compuesta de fertilizante ante una sede gubernamental en Oslo, con la que mató a ocho personas, el viernes 22 de julio del 2011, y disparado luego a 69 personas en el campamento juvenil de verano del partido en el Gobierno.

Vestido con traje negro y corbata, y con la barba recortada que llevó durante las diez semanas de audiencias que terminaron en junio, Breivik sonrió al entrar en la sala e hizo su familiar saludo nazi cuando le retiraron las esposas. Sonrió de nuevo cuando la juez leyó el veredicto.

El condenado no apelará, dijo su abogado. "Me dijo que aceptará este veredicto", dijo Geir Lippestad a Reuters.

La abogada de algunas de las víctimas y sus familias dijo que ellos también estaban satisfechos: "Estoy encantada, aunque no sea la palabra exacta, y aliviada. Es lo que esperábamos", dijo Mette Yvonne Larsen, que representó a algunos de los afectados en el tribunal.

"He recibido ya muchos mensajes de clientes diciéndome que se ha hecho justicia y que están contentos de que todo haya acabado y de no tener que verlo de nuevo", agregó Larsen.

Este asesinato masivo sacudió a Noruega, un país de 5 millones de habitantes que se enorgullece de ser un refugio seguro frente a buena parte de los problemas del mundo, despertando dudas sobre la prevalencia de los puntos de vista de extrema derecha en una nación donde la riqueza en petróleo ha atraído a una creciente inmigración.

Breivik permanecerá ahora aislado en la prisión Ila, en las afueras de Oslo, en una sala relativamente espaciosa que incluye una habitación separada para hacer ejercicio, una computadora y una televisión.

El asesino había calificado el posible veredicto de demencia como algo "peor que la muerte". Si hubiera sido declarado insano y hubiera apelado, se tendría que haber repetido todo el juicio.

Breivik dijo que atacó al Partido Laborista de centroizquierda por su apoyo a la inmigración musulmana. Sus opiniones, difundidas por internet y aireadas durante el juicio, fueron respaldadas por algunos en Europa pero incluso los grupos de ultraderecha se han distanciado del asesino confeso.

Aunque sus víctimas eran principalmente adolescentes, algunos de apenas 14 años, rechazó la calificación de asesino de niños, argumentando que eran activistas a los que se había lavado el cerebro y cuyo apoyo al multiculturalismo amenazaba con adulterar la sangre noruega pura.

RDS