Washington. En el 2000, Adam Schiff llegó al Congreso de Estados Unidos tras derrotar al republicano Jim Rogan, que antes había encabezado el juicio político contra Bill Clinton. Después de 20 años, este demócrata encabezará en el Senado el mismo proceso contra Donald Trump.

De carácter reservado, Schiff, de 59 años y oriundo del estado de Massachusetts, representa con su escaño al centro de la industria del entretenimiento de Hollywood-Burbank, en California.

En la Cámara de Representantes funge como presidente del Comité de Inteligencia y estuvo a la cabeza demócrata de la investigación contra el presidente Trump que desencadenó un denunciante anónimo, cuando alertó sobre una llamada telefónica entre el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, y su homólogo ucraniano.

Su designación, conocida como jefe de los fiscales del juicio político a Trump en el Senado, donde tendrá una responsabilidad equivalente a la de un fiscal, parece una continuación natural de ese proceso.

“Me siento honrado por la responsabilidad de servir como el principal administrador (fiscal) de la Cámara de Representantes en el juicio en el Senado”, dijo Schiff en un comunicado. “Es una responsabilidad solemne y una que enfrentaré con la seriedad que la tarea requiere”, agregó.

Schiff, antes que un duro fiscal, parece más bien un párroco o un director de escuela primaria. Nunca levanta la voz, y rara vez se pierde en hipérboles. Su perfil no encaja con el del sabueso que los demócratas precisan para derribar al líder republicano, que lucha con uñas y dientes para salvar su presidencia.

Sin embargo, detrás de esa apariencia apacible, se acumula una larga experiencia muy valorada por sus compañeros de bancada.

“Medido pero contundente”

Schiff es “lógico, lineal, medido pero contundente”, dijo Nancy Pelosi, la líder demócrata de la Cámara de Representantes, quien lo nombró jefe del equipo de siete fiscales para el juicio político.

Durante su juventud, el legislador demócrata buscó la gloria en la meca del cine estadounidense como guionista, pero sus aspiraciones juveniles no llegaron a ningún lado.

En cambio, sus primeros logros los consiguió en el seno de la justicia californiana.

A finales de la década de 1980, cuando no hacía mucho que había salido de la Facultad de Derecho de Harvard, procesó al primer agente del FBI encarcelado por espiar para Moscú.

El oficial caído en desgracia era miembro de una unidad de contraespionaje que fue seducido por una mujer rusa que lo convenció de vender información sensible sobre las actividades de la policía federal estadounidense.

El caso ucraniano

Como presidente del comité de inteligencia de la Cámara Baja, Schiff conoce el expediente del caso ucraniano prácticamente de memoria. Dirigió la investigación parlamentaria que culminó en la acusación formal contra el inquilino de la Casa Blanca por “abuso de poder” y “obstrucción al Congreso”.

La presidenta demócrata de la Cámara de Representantes, Nancy Pelosi, firmó los dos cargos de acusación contra Donald Trump.

“Hoy entramos en la historia”, declaró Pelosi durante una ceremonia solemne. El acta de acusación fue luego llevada al Senado en el Capitolio, la sede del Congreso.