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Lo que enseñamos a nuestros hijos sobre el dinero (parte 2 de 2)

Joan Lanzagorta | Patrimonio
La educación financiera se da en casa, no en las escuelas. Los hijos aprenden del ejemplo, de lo que ven y de lo que oyen, tanto la familia como en su entorno social.
Pero también aprenden de las perspectivas, sobre todo si están respaldadas con el ejemplo. Esa es la razón por los hombres y mujeres no aprenden exactamente lo mismo. Aún hoy, aunque se habla tanto de equidad de género, la realidad es que las mamás y los papás todavía hablan distinto con los niños o las niñas. Esto incluye los temas de dinero.
Hay muchos estudios, tanto comerciales como académicos, que lo demuestran. En Estados Unidos, por ejemplo, el 61% de los varones reciben información acerca de la calificación de crédito (score), pero sólo un 46% de las mujeres. Esas diferencias se extienden hacia otros conceptos, como charlas sobre cómo pagar impuestos o sobre inversiones en acciones. En cambio, a más mujeres se les educa sobre manejo del dinero: registrar sus gastos o hacer presupuestos.
Los mismos estudios demuestran que es más probable y frecuente que las mamás hablen de dinero con sus hijas que con sus hijos y viceversa. La educación financiera tiene muchísimos matices de género y eso no necesariamente es bueno.
Aunque también es cierto que hombres y mujeres suelen tener visiones muy distintas y eso puede también tener relación con su propia naturaleza e instintos. Las mujeres por lo general son más protectoras, cuidan a los suyos, preservan. Por eso también suelen tener mayor aversión al riesgo. En su esencia también está la generosidad, el dar: lo que tienen no es de ellas sino para toda su familia, para sus hijos y su bienestar.
Los hombres por el contrario, están más acostumbrados a proveer y a tomar mayores riesgos para lograrlo (algunas veces innecesarios). Pero también son mucho más egoístas e individualistas.
Las prioridades financieras muchas veces son distintas. Eso puede ser algo bueno cuando una pareja se sabe comunicar con respecto al dinero. Esa visión, esos puntos de vista diferentes han enriquecido las conversaciones que mi esposa y yo tenemos en muchos aspectos. Eso ha sido clave en la toma de decisiones financieras más acertadas.
Para nuestros hijos, las conversaciones financieras que se tienen en casa son también muy significativas, especialmente cuando hay congruencia en lo que se dice y en lo que se hace.
En casa es muy importante enseñar a los hijos la diferencia entre lo que es un gusto (o un capricho) y una necesidad. Por ejemplo: ir a comer a un restaurante elegante es un gusto. En cambio, comprar comida en el supermercado es para satisfacer una necesidad.
Muchos niños quieren cosas: eso está en su naturaleza. Es bueno que se acostumbren desde chicos a preguntarse: ¿es algo que quiero, o es algo que necesito?
Pero también es fundamental transmitir a los hijos que el dinero es un medio, no un fin. Lo más importante es que ellos descubran quiénes son y de qué son capaces. Que sepan elegir su camino y tengan las herramientas para transitarlo con éxito. El dinero es una de ellas. No es la única, pero es importante y hay que saberla manejar.
Eso es algo que agradezco tanto a mis padres como a mis abuelos. Los dos, con sus maneras muy distintas de manejarlo, me enseñaron que la vida no se trata de dinero sino de lo que uno es, de lo que uno logra. Me enseñaron a tener aprecio por mi familia, a estar satisfecho por mis logros y a valorar todo eso.
Eso no significa que el dinero no fuera importante. Al contrario: en un caso (mis padres, mi hogar) era la principal fuente de estrés. En el otro (mis abuelos), brindaba mucha seguridad y tranquilidad. La diferencia era cómo ese dinero se manejaba.
Por eso desde que conocí a mi esposa, las conversaciones financieras se dieron con mucha naturalidad. Siempre nos gustó comer rico y desde novios veíamos cuánto dinero traía cada quién para ver si nos alcanzaba ir a un lugar que nos gustaba, pero era caro para nosotros. A veces se podía, otras no. En ocasiones tratábamos de ahorrar y guardar para la próxima vez sí poder hacerlo.
Estoy convencido que una buena parte de nuestro éxito como pareja se debe a que desde entonces siempre nos supimos poner de acuerdo. Aprendimos a alinear nuestras prioridades, a sacrificar unas cosas por otras, a caminar juntos. Eso ha hecho toda la diferencia en nuestra vida. Esperamos que también lo sea nuestra hija.

