Cuando Jorge accedió a otorgarle una tarjeta de crédito adicional a su hijo, lo hizo con las mejores intenciones: quería ofrecerle una herramienta para enseñarle a administrarse, como una primera incursión al mundo financiero. Desafortunadamente, no contaba con que le originaría un adeudo de varias decenas de miles de pesos.

Las tarjetas adicionales, como su nombre lo indica, son plásticos extra ligados a la cuenta de un titular principal, quien es el único responsable legal de los pagos y los intereses que éstos conlleven, explica la Comisión Nacional para la Protección y Defensa de los Usuarios de Servicios Financieros (Condusef).

Por ello, las tarjetas adicionales generan un historial de pagos que se reporta a las sociedades de información crediticia del país, Buró de Crédito y Círculo de Crédito, pero ojo: el buen o mal uso de estos productos generará un registro para el titular de la cuenta y no para los usuarios.

Esto lo supo Jorge cuando las deudas de su hijo se vieron reflejadas en su estado de cuenta y, por consiguiente, en su historial crediticio, algo que hasta el momento él desconocía y que generó cierto rezago en su preparación para el trámite de un crédito hipotecario, recuerda.

Estas tarjetas, al no tener un límite de crédito propio —ya que el monto está asociado a la línea principal—, suelen hacer difícil la administración de pagos, sobre todo cuando se trata de líneas de crédito muy grandes, por lo que el titular debe ser cauteloso al determinar cuál es su margen de crédito, consideró Raúl Aceves, asesor financiero independiente.

Asimismo, las compras realizadas con estos plásticos no tienen que ser autorizadas por el titular de la cuenta y el plástico tendrá un nombre y número de cuenta distinto del plástico del titular.

Cuando se trata de tarjetas adicionales, cabe mencionar que algunos emisores cobran por cada una de estas tarjetas mediante un pago fijo o una anualidad, mientras que otros están exentos de esta obligación.

Además, algunos bancos requieren que, para la gratuidad de un plástico adicional, se use al menos una vez al mes, dependiendo de la entidad financiera.

Beneficios

Si bien conllevan riesgos, las tarjetas adicionales son una buena opción si se usan de manera responsable y si se otorgan a personas de confianza.

“Si piensa otorgar un plástico adicional a alguien en particular, establezca un monto razonable, así podrá pagarlo sin afectar sus finanzas. Monitoree todas sus cuentas, incluidas las adicionales cada mes”, recomienda la Condusef.

Por su parte, Raúl Aceves refirió que pueden tratarse de productos ideales para afrontar emergencias y aprender sobre el uso de productos financieros, pero se les debe de dar seguimiento.

“Si le doy una tarjeta adicional a mi hijo, le preguntaré sobre cada gasto que haga y cómo éste se relaciona a sus ingresos y capacidad de endeudarse”, explicó.

juan.tolentino@eleconomista.mx