Siempre tomamos nuestras resoluciones definitivas basándonos en un estado de ánimo que no habrá de ser duradero .

Marcel Proust

Si atendemos a la estadística de Estados Unidos, cada año aproximadamente la mitad de las personas se plantea algún tipo de resolución de Año Nuevo.

De acuerdo con la misma estadística, en orden de importancia las resoluciones más relevantes se refieren a perder peso, ser más organizado, gastar menos y ahorrar más, disfrutar de la vida plenamente, mantenerse en forma, aprender algo nuevo, dejar de fumar, ayudar a otros, enamorarse y pasar más tiempo con la familia.

En México, aunque probablemente cambie el orden de importancia, la mayoría de las personas que se plantea propósitos de Año Nuevo lo hace en relación con alguno de estos mismos temas.

Sin embargo, ¿qué tan probable es que alcancemos estos buenos propósitos? De acuerdo con la misma estadística, el porcentaje de personas que logran cumplir exitosamente su resolución es inferior a 10%, siendo menos de la mitad el que logra cumplir parcialmente sus propósitos.

Otro aspecto a destacar es que, en promedio, el porcentaje de éxito en las resoluciones de Año Nuevo es más del doble para personas menores de 30 años de lo que es para mayores de 50 años. Contra la sabiduría popular, la juventud puede estar asociada a una mayor capacidad de sostener la fuerza de voluntad; o bien, entre más años, más difícil es cambiar conductas arraigadas.

La permanencia de la voluntad también es un factor importante a considerar; 25% de las personas deja de cumplir sus resoluciones la primera semana y menos de la mitad la mantiene después de seis meses de iniciado el año.

Se sabe que las personas que expresamente se plantean objetivos y resoluciones concretas tienen 10 veces más probabilidades de lograrlas respecto de aquéllas que, aun reconociendo que tienen que hacer cambios en su conducta o hábitos, no hacen resoluciones expresas ni se plantean objetivos específicos a cumplir. En este sentido, la sola manifestación de reconocimiento de la conducta o hábito que debe y desea cambiar es un elemento fundamental para provocar el cambio deseado. ¿Cuáles son los elementos que pueden ayudar a incrementar la probabilidad de cumplir?

La primera es que se trate de resoluciones relacionadas con temas que nos sean emocionalmente significativos. De acuerdo con muchos estudios, uno de los componentes fundamentales de la toma de decisiones indispensable para un cambio de conducta o formación de nuevos hábitos es el componente emocional. En personas que tienen alguna lesión en zonas cerebrales asociadas con las emociones, su proceso de decisión es más lento y en algunos casos imposible. La emoción es un componente fundamental que impulsa una decisión efectiva.

En segundo lugar, debe tratarse de temas cuya resolución implique un esfuerzo relevante, pero no imposible de alcanzar. Una de las razones por las que se abandonan los objetivos es porque rápidamente se percibe una enorme dificultad para lograrlos. Establecer metas alcanzables incrementa la probabilidad de su cumplimiento.

Un tercer factor es el reconocimiento de la posibilidad de incumplimientos parciales temporales. Ello ayuda a evitar desilusiones definitivas que lleven a abandonar la resolución. Darnos un cierto margen breve de tolerancia permite aceptar pérdidas de voluntad coyunturales, sin que eso represente abandonar el objetivo.

Por último, un número reducido de resoluciones incrementa su posibilidad de cumplimiento. Concentrar nuestra fuerza de voluntad en un solo objetivo evita que ese escaso recurso se diluya.

Les deseo un Año Nuevo de salud y trabajo, así como de bienestar (incluyendo el financiero) para ustedes y sus familias.

El autor es politólogo, mercadólogo, especialista en economía conductual y director general de Mexicana de Becas, Fondo de Ahorro Educativo. Síguelo en

Twitter: @martinezsolares

[email protected]