Tener roomies representa desafíos y beneficios, no solamente por compartir el espacio con otras personas, sino también por aprender a repartir los gastos relacionados con el mantenimiento de un espacio en común.

Aunque contar con un compañero de vivienda representa una gran ayuda para las finanzas personales, puede convertirse en un problema no solamente por cuestiones de convivencia, sino también por afectaciones a su bolsillo.

Marco Torres, gerente de operaciones de la plataforma inmobiliaria Homie, explicó que uno de los errores más comunes, que comenten sobre todo los jóvenes, es elegir compañeros de trabajo o amigos cercanos, sin conocer sus hábitos financieros y de vida.

“El problema es que, al elegir a una persona de confianza por el vínculo de amistad, se desconoce su situación financiera y de repente hacer mancuerna con alguien que no es tan responsable de sus gastos puede impactar considerablemente”, señaló.

Indicó que tener un buen o un mal compañero de vivienda puede hacer la diferencia de cómo una persona puede vivir la experiencia de la independencia financiera.

“Como puede ser una experiencia satisfactoria en donde la convivencia diaria sea muy sana, como podría volverse un pequeño infierno”, alertó.

Advirtió que si se firma como titular del contrato y uno de los roomies queda mal, el titular tendrá que absorber el gasto y la carga legal ante el arrendatario.

El gerente de operaciones expuso que algunas aplicaciones, como Homie, solicitan información a los futuros inquilinos como sus comprobantes de ingresos, e historial crediticio para verificar su situación financiera, además de buscar sus datos en las Sociedades de Información Crediticia para corroborar su comportamiento como pagador.

Qué hacer en un caso así

En caso de vivir una situación en donde uno de los inquilinos se atrasa con los pagos de la renta o es conflictivo, el gerente de operaciones indicó que lo recomendable es llegar a un acuerdo entre todos los habitantes y, sólo en caso de ser necesario, involucrar al arrendatario.

Detalló que, en caso de que uno de los roomies desee no continuar rentando en dicho espacio, el titular del contrato deberá decidir entre absorber ese gasto del inquilino faltante o encontrar un habitante nuevo.

Sin embargo, en un caso de fuerza mayor como una enfermedad, una hospitalización o desempleo, Torres señaló que lo mejor siempre será mantener la comunicación entre el casero y los compañeros de cuarto para mantenerlos al tanto y saber qué procede.

“Lo mejor siempre será tener una comunicación abierta con el propietario para poder mediar en ese tipo de situaciones, ya sea por parte de los inquilinos, buscar una o dos personas que supla a la que se va a ir o terminar en los mejores términos para que al final ellos encuentren a otra persona de acuerdo con su nuevo alcance económico”, dijo.