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La industria mexicana debe ramificarse para competir con las grandes potencias: especialista
De acuerdo con el especialista, México requiere una política económica más transversal que permita conformar economías de escala, es decir, aumentar la producción para reducir costos, mejorar la eficiencia y elevar el margen de beneficio de las empresas.

Foto: Archivo
La industria mexicana necesita ampliar su base productiva, diversificar sus mercados y apostar por el desarrollo de talento en tecnologías para fortalecer su competitividad frente a las grandes potencias económicas y las empresas trasnacionales, consideró el investigador del Instituto de Investigaciones Económicas (IIEc) de la UNAM, Raúl Vázquez López.
De acuerdo con el especialista, México requiere una política económica más transversal que permita conformar economías de escala, es decir, aumentar la producción para reducir costos, mejorar la eficiencia y elevar el margen de beneficio de las empresas.
Actualmente, explicó, la elevada concentración del comercio con Estados Unidos representa uno de los principales riesgos para la economía nacional.
"Hay gran concentración del comercio mexicano que va hacia Estados Unidos: casi 80 por ciento. Esto le da a nuestra nación una condición vulnerable; lo deseable sería una política más diversificada dirigida hacia otros destinos de América Latina, Europa y Asia", señaló.
Diversificar la industria para reducir la vulnerabilidad
El economista sostuvo que México debe avanzar hacia un modelo productivo más ramificado, con presencia en un mayor número de sectores económicos y con vínculos entre distintas industrias que permitan generar mayor valor agregado.
Indicó que, aunque el país ha desarrollado industrias de alto nivel tecnológico, como la automotriz y la aeroespacial —esta última con un importante clúster en Querétaro—, depender de pocos sectores también implica riesgos.
Recordó que, a nivel mundial, las industrias automotriz y electrónica concentran gran parte del comercio internacional, por lo que cualquier afectación en esos mercados o en Estados Unidos repercute directamente en la economía mexicana.
Por ello, propuso fortalecer la estructura productiva mediante la incorporación de actividades cada vez más sofisticadas y con mayor contenido tecnológico.
IA, computación e ingenierías, entre las áreas estratégicas
Vázquez López afirmó que uno de los pilares para lograr esa transformación es desarrollar capacidades humanas en tecnologías de uso transversal, como la computación, la inteligencia artificial y diversas ramas de la ingeniería.
A diferencia del modelo de especialización aplicado durante décadas, explicó que estas habilidades permiten a los trabajadores incorporarse a distintos sectores productivos y adaptarse a las nuevas necesidades de la industria.
Asimismo, destacó el potencial de las tecnologías asociadas con la industria 4.0, caracterizada por la integración de herramientas digitales, automatización avanzada y conectividad inteligente en los procesos de producción.
Generar empleos mejor remunerados
El investigador señaló que fortalecer la formación técnica y tecnológica también tendría un impacto directo en los ingresos de la población.
Su propuesta contempla impulsar personal con mayor nivel de especialización para realizar tareas de alto contenido de conocimiento, lo que favorecería mejores salarios y una economía más competitiva.
Añadió que este modelo ya ha mostrado resultados en países como China, Alemania, Holanda y Suiza, donde la formación técnica y las carreras especializadas han fortalecido la industria nacional.
Incluso, consideró que una estrategia de este tipo podría beneficiar a trabajadores mexicanos migrantes, quienes mediante carreras cortas en ingeniería, computación u otras áreas tecnológicas tendrían mayores oportunidades para acceder a empleos mejor remunerados, en lugar de concentrarse principalmente en el sector servicios en Estados Unidos.
Finalmente, Vázquez López reiteró que uno de los mayores desafíos para economías de tamaño medio, como la mexicana, es diseñar estrategias que les permitan competir con las grandes potencias mundiales y con las empresas trasnacionales que dominan buena parte de la producción global.



