Bolivia ha conseguido un inesperado protagonismo en México, porque el asilo político del gobierno de Andrés Manuel López Obrador a Evo Morales desata dudas acerca de qué podría cambiar en la relación México-Bolivia en el mediano y largo plazos.

¿Dejará ésta de ser de bajo perfil y habría oportunidades de inversión para los mexicanos allí en el futuro?, son las primeras preguntas a realizarse y las siguientes tienen que ver sobre qué podrían aprender los funcionarios mexicanos de lo que un gobierno socialista como el de Evo Morales hizo contra la marginación y la pobreza en 13 años por el pueblo de Bolivia, por ejemplo con apoyo de las Tecnologías de la Información y las Comunicaciones (TICs).

El gobierno de Juan Evo Morales Ayma heredó a los bolivianos números de conectividad que pueden considerarse como muy positivos, aun en una economía con poder adquisitivo bajo, pero que crecería hasta 4.0% en 2019; un mercado de telecomunicaciones dominado por una paraestatal, pero con despliegues de 4G-LTE y hace poco con una filial en Perú; y un ambiente regulatorio y certidumbre política complicados que dificultan el empuje del capital privado en el sector, ya que, como muestra, los gigantes de Iberoamérica en esa industria, América Móvil y Telefónica, no participan allí, aunque sí lo hacen Tigo de Millicom y Viva de Nuevatel que ya están en el siguiente nivel.

Aun con este entramado en el que se desenvuelve el sector de telecomunicaciones en Bolivia, el líder socialista dobló el número de accesos en las líneas móviles mientras estuvo en el gobierno: 11.4 millones al cierre de 2018, contra 4.2 millones en 2006. Bolivia tenía una penetración de 100.10% en líneas celulares al arrancar el año 2019 y agregó 472,000 nuevos accesos netos en 2018 frente a 2017.

Esto de acuerdo con la Autoridad de Fiscalización y Regulación de Telecomunicaciones y Transportes o ATT de Bolivia, una entidad que además informó que al 2018, el mercado de telecomunicaciones boliviano, entre fijo y móvil y entre gobierno, corporativos y usuarios finales, reportó un valor de 13,517 millones de bolivianos —aproximadamente 2,000 millones de dólares—, en tanto que el segmento celular rozó los 460 millones de dólares, básicamente por voz en prepago, mientras que el consumo promedio mensual por usuario o ARPU tuvo un equivalente de 3.8 dólares. Como referencia, un operador de red México tuvo en septiembre un ARPU de 4.4 dólares.

Con Evo Morales, Bolivia tuvo en 2018 un estimado de 9.41 millones de conexiones a internet de banda ancha, entre líneas fijas, móviles y entre hogares, centros de trabajo o plazas públicas, un dato notable dado que la población boliviana sumó 11.27 millones de personas en 2018. La ATT informó este año que la penetración “real” de internet en Bolivia es de 58%; en México fue de 71% al comenzar 2019.

Las cifras hacen suponer que existen casos en que un sector de telecomunicaciones con participación intensiva del gobierno a través de una estatal y una acertada política pública, puede derivar en resultados aceptables en conectividad, estimaron especialistas.

“Una regulación más estatista ha permitido que en los últimos años se incrementaran los índices (de conectividad), quedando ese país con mejor posición que el promedio regional”, dijo Pedro Huichalaf Roa, subsecretario en el regulador Subtel de Chile hasta el año 2016.

“Para algunos, la gestión del sector debería ser más abierta; sin embargo, vemos países en Latinoamérica que teniendo una apertura de mercado, aún tienen menores índices de conectividad, velocidad y tipo de tecnología que Bolivia (…) Una recomendación es que el trabajo sea mixto, entre el mundo público y el privado, porque en telecomunicaciones, las empresas llegarán hasta donde puedan por las leyes del libre mercado y el Estado debe llegar hasta donde deba”, dijo.

Bolivia llegó un poco más lejos en telecomunicaciones durante el gobierno de Evo Morales: en 2013 inauguró una base satelital para controlar el satélite Túpac Katari, que se lanzó desde China, en principio, para servicios educativos, médicos y mapeado del territorio boliviano. Bolivia se convirtió entonces en el séptimo país latinoamericano en contar con uno de esos aparatos en el espacio, por detrás de Argentina, Brasil, Colombia, México y Venezuela, y antes de Ecuador, Perú y Chile.  

Y hace unos meses el país del Altiplano formalizó la subsidiaria peruana Entel Bolivia SAC, de la Empresa Nacional de Telecomunicaciones S.A. o Entel, con el objetivo de llevar internet y telefonía. Entel es la empresa incumbente de la industria en Bolivia; su historia es distinta a la de otras paraestatales como Antel de Uruguay o CANTV de Venezuela y opera en las bandas de 850 MHz, 1.9 GHz y en los 700 MHz con tecnología 4G-LTE. Y Entel Bolivia SAC prometió el despliegue de 60 millones de dólares para conectar con fibra óptica al sur de Perú con el oeste de Bolivia.

Foto EE: Cortesía Ministerio de Comunicación de Bolivia
El gobierno de Evo Morales heredó a los bolivianos números de conectividad que pueden considerarse como muy positivos. Foto EE: Cortesía Ministerio de Comunicación de Bolivia

El interés de Entel Bolivia SAC está en sacar su tráfico por el Pacífico a través de sus propios cables de fibra óptica y conectarlo directamente con terceras redes, para conseguir tarifas más accesibles en cuanto tráfico y negociar la compra de servicios de internet a precios más bajos, que a su vez permitan a sus clientes pagar menos dinero. Se desconoce todavía si entre los planes de Entel Bolivia SAC podría cuadrar la posibilidad de hacer negocio con el operador de la Red Dorsal de Perú, el grupo mexicano Azteca Comunicaciones, en el transporte de tráfico.

“En Perú podrían haber oportunidades, si se logra alcanzar un acuerdo para que Bolivia use la Red Dorsal para acceder al tráfico internacional”, dijo Gerardo Mantilla, regulador en la Conatel de Venezuela durante la primera década del siglo XXI y ahora analista en Artifex Consulting.

En Bolivia, el 89.5% del mercado móvil corre sobre prepago y el 95% de las personas que navegan en internet lo hace por celular con calidad no eficiente, muestra de que los bolivianos demandan mejores servicios y por tanto inversiones de las empresas.

La duda es cuándo la crisis política terminará en Bolivia para que al menos el sector de telecomunicaciones retome el vuelo, dijo Gerardo Mantilla:

“Habrá que esperar a que el país alcance la estabilidad. Todavía existen muchas protestas y cualquier cosa puede cambiar. Yo no intentaría llegar a acuerdos con el grupo que está actualmente en el gobierno. Lo cierto es que mientras eso siga, lo más conveniente es que las empresas mexicanas esperen a ver que termina pasando”.

kg