Los sindicatos de Argentina paralizaron al país en una huelga de 24 horas, en una demostración de fuerza ante el gobierno del presidente Mauricio Macri y en rechazo al acuerdo con el Fondo Monetario Internacional.

Sin servicio de trenes, metro, autobuses ni vuelos, los organizadores se felicitaron por una masiva adhesión al paro que dejó a la capital de Argentina semidesierta, con la mayoría de los locales comerciales cerrados y prácticamente sin tránsito. “La huelga tuvo un altísimo nivel de acatamiento en todo el país”, declaró en rueda de prensa Juan Carlos Schmid, dirigente de la Confederación General del Trabajo (CGT).

A medida que avanzó la jornada, se fue vaciando el centro de Buenos Aires de automóviles, el único medio de locomoción por ausencia absoluta de transporte público. No funcionaron los bancos ni abrieron las escuelas. “Los paros no contribuyen a nada, no suman, yo no veo que haya habido un gobierno en décadas con tanta preocupación por el empleo y el trabajador y por generar nuevas oportunidades”, dijo Macri.

Aunque la convocatoria se limitó a un paro de actividades, sin manifestaciones, sectores más radicales realizaron cortes en los accesos a la capital argentina y unos cientos se concentraron al mediodía en el Obelisco.

“No es suficiente un paro general. Es necesario un plan de lucha, una verdadera disposición de lucha para derrotar este plan de guerra contra los trabajadores”, dijo a la AFP Marcelo Ramal, dirigente del Partido Obrero (trostkista) en uno de los bloqueos.

Hugo Moyano, líder de los camioneros y uno de los impulsores de la protesta, sostuvo que “a este gobierno le es muy difícil traer soluciones. Son un instrumento del poder porque se han entregado al FMI”. Según el ministro de Finanzas, Nicolás Dujovne, la huelga tendrá un costo de casi 29,000 millones de pesos (unos 1,000 millones de dólares).

“Si querés que tus derechos no sean avasallados, tenés que pelear”, reaccionó Claudio Barteloot, un chofer de autobús, en declaraciones a la AFP.

Con un malestar creciente por la situación económica, que empujó al gobierno a hacer un acuerdo con el FMI, ésta se presentó como la ocasión para que todos los sectores sindicales, a menudo enfrentados, se mostraran unidos.

Como propuesta concreta, los sindicatos plantean que se reabra la negociación de ajustes salariales de este año, para que se alineen a la proyección de inflación, calculada ahora por el Banco Central en 27 por ciento.

La mayoría de las negociaciones tuvieron como referencia la meta de inflación anual de 15%, que el gobierno debió abandonar porque el acumulado entre enero y mayo fue de 11.2 por ciento.

“Si (el gobierno) no convoca a un diálogo social vinculante para discutir cómo salir de esta crisis, va a seguir habiendo conflictividad”, advirtió Pablo Michetti, de la Central de Trabajadores Argentinos.

Coyuntura difícil

“El gobierno está en una coyuntura muy difícil, se encuentra en su pico más bajo y enfrenta un fuerte cuestionamiento de parte del sector asalariado”, explicó a la AFP el politólogo Diego Reynoso, de la Universidad de San Andrés, en Buenos Aires.

La desocupación se ubicó en 9.1% en el primer trimestre de este año, frente a 7.2% del último trimestre del 2017.