El próximo 9 de marzo miles de mujeres en México estarán en huelga. No acudirán a sus empleos o escuelas, no limpiarán la casa ni se encargarán de las compras. Tampoco cuidarán emocional ni físicamente de otras personas.

Aunque quisieran, no todas podrán hacerlo. Pero una forma de participar sería hablar de la violencia de género en sus lugares de trabajo, de las implicaciones de ser mujer y cumplir con una doble jornada o padecer discriminación.

Hay otras medidas, pero antes de compartirlas entendamos primero de qué va el paro de mujeres. No todas están convencidas y es porque, quizá, les falte información.

¿Por qué se convoca a un paro?

El Paro Nacional de Mujeres es una iniciativa para visibilizar el trabajo femenino. Ya sea formal o informal, remunerado o no, de cuidados o doméstico, explica la feminista Dana Corres.

También se convoca por la urgencia de que paren los feminicidios y se investiguen los miles que han ocurrido, apunta Elizabeth Brant Jimeno, de la red feminista Políticamente Incorrectas (PI). En el 2019 se reportaron 976 feminicidios, según el Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública (SESNSP); en el 2018 fueron 891.

El 95% de los casos de hostigamiento sexual o acoso sexual en el gobierno federal es contra las trabajadoras, y la gran mayoría queda impune, de acuerdo con la Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH). Estas cifras serían similares en la iniciativa privada, agrega el organismo.

En promedio, las trabajadoras ganan 34% menos que los hombres por hacer la misma labor, en el mismo tiempo y con el mismo cargo, según el Instituto Nacional de las Mujeres (Inmujeres). De cada 10 empresas en México, 9 son dirigidas por varones, de acuerdo con la red social de empleo LinkedIn.

El trabajo doméstico y las tareas de cuidado de otras personas representa el 23.5% del Producto Interno Bruto (PIB), según el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi). Las mujeres realizan la gran parte de estas labores.

Si se pagara por la crianza de todas las niñas y niños, la limpieza de las casas, por hacer las compras y preparar la comida, el país tendría que desembolsar 5.5 billones de pesos al año. Más del 75% de esa cantidad le tocaría a las mujeres, de acuerdo con las estimaciones del Inegi.

Las mujeres quieren mostrar todo esto de manera tangible.

Con #UnDíaSinNosotras o #UnDíaSinMujeres se podría observar que la vida pública no funciona, el mercado laboral y otras actividades, porque nosotras sostenemos la economía de cuidados.

¿Qué hay detrás de la convocatoria?

Otras mujeres. “Para las feministas las huelgas no son algo nuevo, sobre todo para las de sectores precarizados”, recuerda Dana Corres, activista por los derechos de las mujeres e integrante del Consejo Ciudadano para la Seguridad y Justicia de la Ciudad de México.

De manera histórica, las mujeres hemos recurrido varias veces a los paros con la intención de “visibilizar nuestra fuerza laboral y por el respeto a nuestros derechos laborales”.

También se ha retomado la idea de un día sin inmigrantes, agrega. Una protesta de trabajadores latinos en Estados Unidos en contra de la política xenófoba de Donald Trump, para demostrar la importancia de su trabajo en la economía de aquel país.

¿Por qué el 9 de marzo?

El 8 de marzo, el Día Internacional de las Mujeres, será este año día domingo. La mayoría de las trabajadoras estará en su descanso y no funcionaría llamar a un paro en esa fecha. Sin embargo, para el #8M se tienen preparadas una serie de marchas en casi todo el país.

Las mujeres saldrán a conmemorar un día que tiene sus orígenes precisamente en luchas de obreras y en el asesinato de más de un centenar de trabajadoras en Estado Unidos.

En 1908, aproximadamente 129 mujeres murieron en la fábrica textil Cotton, de Nueva York, luego de que el dueño le prendiera fuego como represalia por la huelga que las trabajadoras iniciaron.

¿Tengo que pedir permiso en el trabajo?

Políticos y sus partidos, patrones y sus empresas, están subiéndose al paro, quitándole todo el sentido”, reprocha Dana Corres. Los comunicados que varias compañías han emitido para decir que están a favor de esta iniciativa “están descafeinando el movimiento”.

Qué bien que no tomarán represalias, pero es una huelga: ni se da ni se pide permiso. “Les dan chance de un día, pero qué hay de los siguientes. Todo seguirá igual”, comenta Elizabeth Brant Jimeno. “Con esto mostraremos nuestra rebeldía, para que sepan que nos está afectando y que no queremos que esto siga”.

Para Dana Corres el protagonismo que están asumiendo muchas empresas está convirtiendo al paro en un Día de la Madre, a modo de celebración. “El objetivo es visibilizar el peso que tiene el trabajo de las mujeres. Lo están convirtiendo en un día de asueto, y no lo es”.

Si en verdad hubiera una intención de cambiar las cosas, tendrían políticas para que más mujeres pudieran ocupar puestos de dirección, implementarían protocolos contra el acoso sexual y otras violencias de género, agrega.

Y si ya los tienen, les creerían a las mujeres y le darían seguimiento a sus denuncias. “No basta con dar el día, como empresa ¿qué haces para garantizar la seguridad de las mujeres que trabajan para ti?”, cuestiona.

Lactarios en las oficinas, licencias de maternidad, “hay una serie de cosas que pueden hacer. Si de verdad las empresas estuvieran sensibilizadas estarían trabajando en ellas”.

¿Cómo participar si no puedo parar?

La falta de trabajo político de base es una falla en gran parte del movimiento feminista, dice autocrítica Dana Corres. “Muchas mujeres no están tan politizadas para explicarle a la sociedad en general qué es el paro y de qué va”.

Por eso, quienes han podido comprender más de qué se trata, pero no tienen la posibilidad de dejar de trabajar, pueden visibilizar su trabajo hablando de él, sugiere.

El paro no es un tema de privilegio. Tristemente en el ser mujer no hay privilegios. A todas, seamos blancas, morenas, indígenas, ricas o pobres, nos violentan, nos violan, nos matan”. Quizá hay un privilegio de clase faltar al trabajo, pero “hay que llevar la crítica y el debate más profundo”, expresa.

En caso de no poder ausentarse del trabajo, algunas otras alternativas son:

  • Llevar la conversación a los espacios de trabajo, iniciar profundas reflexiones sobre el trabajo femenino.
  • Cuestionar a los hombres de nuestras vidas si ellos son partícipes de lo doméstico. Si ellos colaboran, dice Dana Corres.
  • Lo simbólico también es importante, considera Elizabeth Brant Jimeno, de Políticamente Incorrectas. Usar un pañuelo verde o una prenda de color morado también “es una manera de mostrar nuestra postura”.
  • Parar labores por una hora, media hora, 15 o 5 minutos.
  • No deslegitimar a quienes deciden o pueden parar o asisten a las manifestaciones.