No hay que subestimar la oposición al Tratado de Libre Comercio de América del Norte (NAFTA, por su sigla en inglés), advierte James Meszaros: están bien organizados, tienen muchos recursos y son altamente calificados para campañas políticas y en manejo de redes sociales... tienen capacidad para ejercer mucha presión y pueden lograr mucho en algunas cuestiones concretas.

Meszaros es vicepresidente de Weber Shandwick, una empresa de comunicación estratégica con experiencia en más de 20 negociaciones comerciales relacionadas con Estados Unidos. Basados en lo que ha pasado en otras negociaciones, sabemos que será una negociación larga y que los asuntos más delicados se dejarán al final. En el caso del NAFTA, éstos serán automotriz y agricultura (...) las negociaciones afectarán directa e indirectamente las operaciones de los negocios en esos y otros sectores .

Explica Meszaros: uno de los principales problemas de México en Estados Unidos es que tiene que competir con muchos estereotipos negativos. Algunos vienen del cine, otros de las campañas políticas. Para contrarrestarlos, hay que tomar en cuenta las diferencias que existen por regiones: Mandar un mensaje para Michigan, que es diferente del que se necesita en Texas o en California . México y sus compañías podrán encontrar aliados en los estados y comunidades que más se benefician del comercio con él, pero este apoyo no se dará espontáneamente, hay que trabajar con una estrategia para conseguir ese apoyo .

Los acuerdos comerciales están hechos para generar certidumbre, pero, la paradoja es que las negociaciones para producirlos traen un periodo de incertidumbre, explica Meszaros. La incertidumbre deriva de que el resultado final es incierto, es imposible adivinar cómo quedarán los detalles clave .

Las prioridades de Estados Unidos, según este consultor, son: reducir el déficit comercial con México, que actualmente es de 60,000 millones de dólares anuales; proteger los superávit que ahora tienen en bienes agrícolas y servicios; prevenir el offshoring de empleos por parte de las multinacionales; incluir en el acuerdo provisiones laborales y medioambientales; modificar los mecanismos de solución de controversias; endurecer las reglas de origen en las cadenas de producción automotrices e industriales, e incluir provisiones relacionadas con el comercio electrónico, la circulación o flujo de datos en el espacio trinacional.

El sector energético merece mención aparte, dice Meszaros: No estuvo en la negociación de los 90, a solicitud de México, pero muchas cosas han cambiado desde entonces. Las más importantes son la revolución del shale y la apertura del sector en México. Tiene un enorme potencial. No descarto que se pudiera incluir, en cierto sentido estará en el acuerdo, aunque sea de forma indirecta .

Es el mayor acuerdo comercial del mundo, pero no se puede vender con un agregado de cifras. Es un error concebir al NAFTA como una negociación comercial, en cierto sentido es más político que comercial. En un acuerdo comercial se da la intersección de varios campos: la política, los negocios, la diplomacia y la opinión pública , dice. En Estados Unidos, la negociación del NAFTA compite y se mezcla con otros asuntos muy importantes: la reforma fiscal; la revisión de la política comercial con el mundo, China, Europa, Japón y, por supuesto, los otros temas de la relación de Estados Unidos con México, migración y seguridad en la frontera.

Para los empresarios y líderes empresariales, no es una opción quedarse quietos, deben anticipar las oportunidades y las amenazas para sus negocios, tener en cuenta que el comercio internacional no sólo tiene que ver con bienes, servicios y estadísticas: es un asunto que afecta a las personas y a las comunidades. Esa es una de las mayores lecciones del Brexit .

lmgonzalez@eleconomista.com.mx