México captó 5,703 millones de dólares de Inversión Extranjera Directa (IED) en el segundo trimestre de 2019, una baja de 15.2% frente a la cifra preliminar del mismo periodo de año pasado, de acuerdo con datos de Banxico.

En forma desglosada las inversiones nuevas fueron por 1,797 millones de dólares (una alza de 20.2%), las reinversiones por 2,205 millones (un aumento de 70%) y las cuentas con la matriz por 1,701 millones (un descenso de 56.8 por ciento).

La información reportada únicamente considera inversiones realizadas y formalmente notificadas ante el Registro Nacional de Inversiones Extranjeras de la Secretaría de Economía; de ahí su carácter preliminar y el que sufran actualizaciones a la alza en los trimestres sucesivos.

Por ejemplo, en el caso del segundo trimestre de 2018, la cifra preliminar difundida por la Secretaría de Economía totalizó 6,727 millones de dólares, un monto que se ha venido actualizando hasta alcanzar ahora los 9,023 millones de dólares.

Por otra parte, en el periodo de julio a septiembre de 2018, se tiene un monto menor de arribos de IED al país, incluso actualizado, de 4,852 millones de dólares.

Históricamente, los Estados Unidos han sido una de las mayores fuentes de IED en México. Los sectores automotriz, aeroespacial, de telecomunicaciones, de servicios financieros y de electrónica suelen recibir grandes cantidades de este tipo de inversión.

La mayoría de los flujos de inversión se dirige a los estados del norte cerca de la frontera con los Estados Unidos, donde se encuentran la mayoría de las maquiladoras (plantas de fabricación y ensamblaje orientadas a la exportación), o a la ciudad de México y la cercana región de El Bajío (por ejemplo, Guanajuato o Querétaro).

La liberalización de las restricciones de México a la inversión extranjera a fines de los años 80 y principios de los 90 desempeñó un papel importante para atraer la inversión de los Estados Unidos a México.

Hasta mediados de la década de 1980, México tenía una política muy protectora que restringía la inversión extranjera y controlaba el tipo de cambio para alentar el crecimiento interno, afectando a todo el sector industrial.

Un cambio brusco en la política a fines de la década de 1980, que incluía medidas de apertura del mercado y reformas económicas, contribuyó a un aumento constante de los flujos de IED. Estas reformas se cerraron a través de las disposiciones del TLCAN sobre inversión extranjera y dieron como resultado una mayor confianza de los inversores.

El TLCAN puede haber alentado la inversión extranjera directa de los Estados Unidos en México al aumentar la confianza de los inversionistas, pero gran parte del crecimiento puede haber ocurrido de todos modos porque es probable que México haya seguido liberalizando sus leyes de inversión extranjera con o sin el acuerdo.

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