Tenemos el instrumento, pero la orquesta no está sonando, dice Moisés Kalach: “El T-MEC entra en vigor en una coyuntura que podría ser muy favorable por el distanciamiento de Estados Unidos con China, pero el Gobierno está mandando señales que no ayudan. Las empresas globales necesitan mover sus cadenas de valor fuera de China y México es una opción lógica, pero el gobierno actúa como si no necesitáramos la inversión. En algunos temas, tengo la impresión de que ya se cruzó una línea, por ejemplo, en el sector energético e infraestructura. Decisiones o posturas hostiles de la inversión privada nos costarán miles de millones y nos harán perder oportunidades que se presentan una vez cada 30 o 40 años”.

Moisés Kalach fue el representante del sector empresarial durante la negociación del T-MEC. Dice que los empresarios de Estados Unidos y Canadá le expresan preocupación por los cambios de las reglas del juego, “el hecho es que los presupuestos de inversión de muchos de los corporativos están congelados para México. Los que fueron nuestras contrapartes en la negociación están muy nerviosos. Nos piden ayuda para sensibilizar al Gobierno, pero nosotros debemos explicarles que aquí los empresarios mexicanos también estamos teniendo problemas para establecer un diálogo...las señales que manda el presidente son contrarias al espíritu del diálogo con el sector privado”.

La entrada en vigor del T-MEC pone en evidencia una contradicción, explica Kalach: “firmamos un acuerdo para formar parte de un Club de América del Norte. Esta es una señal muy poderosa, hacia el mundo y también interna. Ratificamos una visión de largo plazo y establecimos compromisos a partir de ella. El problema es que, en asuntos muy importantes, el Gobierno está haciendo lo contrario, por ejemplo, cuando cuestiona la validez de contratos. En energía e infraestructura perdemos inversiones que ya habíamos conseguido y poniendo en riesgo proyectos que estaban muy cerca de concretarse. En el camino, se está produciendo un desconcierto enorme, abonando a la incertidumbre. Eso nos costarán millones de dólares en litigios, además del costo de perder inversiones”.

Pocos, como Moisés Kalach, para entender lo que significó la firma del acuerdo. Las oportunidades y riesgos de la entrada en vigor: “el tema laboral es bastante difícil. El gobierno mexicano cedió de más en las exigencias de la parte estadounidense. Se habló mucho de los agregados para temas laborales en la embajada, pero me parece más delicadas otras cosas. Permitió instrumentos que pueden ser de hostigación. Se dejaron ciertas partes del texto de mecanismos de respuesta rápida que se pueden extender a varias otras causas, fuera de violencia. Existe la posibilidad de detener productos en la frontera. Se habla de doce controversias y hay algunas que pueden afectar la competitividad de las exportaciones del campo. El campo mexicano tiene áreas de oportunidad, los números son muy atractivos, pero lo laboral se convierte en una nube que puede afectar”.

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