Expertos industriales alertaron sobre la urgencia que tiene el país para diversificar su canasta de generación eléctrica y el origen de la importación de combustibles, así como medidas como la generación distribuida y el almacenamiento de combustibles y energía, luego de la contingencia eléctrica por la falta de suministro de gas natural desde Estados Unidos, que a su vez sacó de operación plantas de generación dejando sin energía a 13% de los clientes de la Comisión Federal de Electricidad (CFE) y que mantiene apagones programados en por lo menos 12 entidades del país.

Juan Carlos García de la Cadena, CEO de la empresa mexicana Beetmann que se formó en el 2017 a raíz de la reforma para incursionar en dos nuevos negocios: generación distribuida –donde cuenta con más de 100 conexiones mediante techos solares– y suministro calificado –con que ha conectado a clientes industriales con una capacidad conjunta de por lo menos 5 megawatts– explicó que desde el monitoreo del mercado mayorista se advirtió por lo menos tres días antes del apagón del lunes que el sistema entraría en desbalance, y aunque el Centro Nacional de Control de Energía (Cenace) actuó con celeridad utilizando la infraestructura de generación de la CFE, la situación actual del país tiene tal vulnerabilidad que no fue posible mantener el balance en las redes de transmisión y distribución. 

Y es que según este experto, la dependencia de más de 60% de la generación eléctrica a un solo combustible: el gas natural, implica un riesgo enorme, que con el marco legal vigente puede reducirse de manera muy significativa, incluyendo a los privados en actividades que el gobierno no pretende modificar, como la generación distribuida y medidas de eficiencia energética. 

“Lo más importante es que como sector aprendamos la lección de que necesitamos un mix de generación más diversificado, menos vinculado con los índices de precios de Estados Unidos y las importaciones de un mercado abierto sujeto a tantas variables, algunas incontrolables, como el clima”, dijo. 

Y es que la dependencia en 95% de las importaciones de gas desde Estados Unidos, en concreto desde el hub de Texas, provocó que un problema regional para el país vecino del norte se convirtiera en un problema de la economía nacional de México, que por cuatro días de interrupciones y compras extraordinarias en precio y volumen de gas natural licuado, además de otros combustibles y la puesta en marcha acelerada de plantas con otras tecnologías, costará a la CFE el 5% de su presupuesto anual. 

En México, solamente a lo largo de los últimos cinco años se pasó de cero a 2,000 megawatts por hora diarios generados mediante techos solares en el esquema de generación distribuida, con medidores bidireccionales conectados a la red de transmisión para inyectar energía cuando sea necesario y recibir el volumen requerido cuando se deja de producir. Estas conexiones equivalen a menos de 5% de la generación nacional, por lo que hay un enorme potencial en este esquema que por cierto no se pretende modificar en la iniciativa del presidente Andrés Manuel López Obrador para reformar la Ley de la Industria Eléctrica. 

Aumentar capacidad de almacenamiento

Otra alternativa que urge implementar es el aumento de la capacidad de almacenamiento de combustibles para la generación, particularmente del gas natural, por una parte, pero también de las tecnologías de respaldo de energía distintas al gas, como la pequeña hidroeléctrica o las baterías que se prueban en todo el mundo, expuso el analista Ramsés Pech. 

“Es importante establecer que en la cuenca de Burgos hay capacidad de instalaciones, y las cuales sólo se están usando entre un 30% a 50 por ciento. Actualmente el Cenace debería estar trabajando para enviar electricidad de las presas de las cuencas del sur – sureste”. 

karol.garcia@eleconomista.mx