La guerra comercial de Estados Unidos y China incrementó su impacto en América, donde ambas naciones llevan a cabo acciones comerciales, de inversión y económicas para defender sus intereses en ese continente.

En un frente, el Senado estadounidense aprobó en junio pasado la Ley de Innovación y Competencia, que fortalecería la capacidad de Estados Unidos para competir con China en todo el mundo.

Entre sus numerosas disposiciones para América Latina y el Caribe, el proyecto de ley autorizaría un aumento de capital para el Banco Interamericano de Desarrollo y requeriría estrategias para aumentar las exportaciones de bienes y servicios estadounidenses y fortalecer la competitividad.

En 2020, las importaciones de productos de América originarias de Estados Unidos totalizaron 481,000 millones de dólares, mientras que las provenientes de China fueron de 699,000 millones.

En sentido contrario, las exportaciones estadounidenses al continente sumaron 700,000 millones de dólares y los envíos entrantes chinos fueron de 270,000 millones.

En el otro frente, China y Uruguay anunciaron este 7 de julio que llevarán a cabo un estudio de prefactibilidad para evaluar la posible firma de un Tratado de Libre Comercio (TLC) entre ambas naciones, pese a la posición del Mercosur de no permitir que los países negocien acuerdos por fuera del bloque.

“Si Uruguay va a mantener de manera independiente su política de comercio internacional, será difícil la ratificación del acuerdo de libre comercio entre el Mercosur y la Unión Europea”, dijo Antonio Ortiz-Mena, vicepresidente senior de la consultoría Albright Stonebridge Group.

El Mercosur está conformado por Brasil, Argentina, Uruguay y Paraguay y, según Ortiz-Mena, la determinación del gobierno uruguayo sobre el TLC con China “arroja una complejidad inesperada”.

Más aún, el gobierno chino presiona a Australia para que apoye la adhesión de China al Tratado Integral y Progresista de Asociación Transpacífico (TIPAT).

“La adhesión de China al TIPAT produciría grandes beneficios económicos”, escribió la Embajada de Beijing en una presentación a una investigación parlamentaria australiana en Canberra sobre la ampliación del TIPAT.

También la Embajada China añadió que su ingreso al TIPAT beneficiaría a los miembros de ese acuerdo comercial y al resto del mundo.

“China está comprometida con la construcción de una comunidad con un futuro compartido para la humanidad y está dispuesta a trabajar junto con todas las demás partes para promover la globalización y la integración económica regional”, expuso.

Aunque las inversiones de China en América Latina y el Caribe son todavía relativamente bajas, el Congreso estadounidense también considera este punto como crítico.

De todas las entradas de Inversión Extranjera Directa (IED) a los nueve mayores captadores de la región, Estados Unidos tuvo una participación como origen de 37%, en tanto que la participación de Europa fue de 38 por ciento.

El resto de los porcentajes se distribuyó así: Canadá (8%), América Latina y el Caribe (6%), Japón (4%) y los demás, con China incluido, (7 por ciento).

A nivel mundial, las salidas de IED desde China han crecido de forma sostenida y han pasado de representar 5.5% del acervo global de IED en el exterior en 2000 a 11.3% en 2019.

roberto.morales@eleconomista.mx