Tras la reforma energética del 2013-2014, la Comisión Federal de Electricidad (CFE) consiguió cortar una larga racha de pérdidas anuales, obtuvo ganancias cada año del 2016 al 2019 y las habría obtenido en el 2020 de no haber reinstaurado su antiguo régimen pensionario, por iniciativa del actual gobierno.

Del 2016 al 2019, la CFE ganó con sus negocios 251,460 millones de pesos netos, un giro de 180 grados respecto de la situación vivida los cuatro años previos, del 2012 al 2015, lapso en el que registró pérdidas anuales que al acumularse sumaron 197,512 millones de pesos, de acuerdo con los estados financieros de la empresa reportados al público inversionista.

Este panorama contrasta con el diagnóstico del gobierno federal en su iniciativa de contrarreforma eléctrica, que refiere con insistencia que la reforma energética del gobierno anterior puso contra las cuerdas a la empresa estatal eléctrica y la dejó “a punto de morir”.

La reforma del 2013-2014 rompió el monopolio de la CFE en los negocios de generación y suministro eléctrico (no así en transmisión y distribución), lo que tuvo un efecto dual –positivo– en las finanzas de la empresa.

Por un lado, la introducción de competencia en el negocio de generación sacó del mercado una parte de la generación eléctrica de la CFE, lo que quitó ingresos al negocio de la empresa dedicado a esa actividad. 

No obstante, de acuerdo con analistas la generación desplazada se trató de la más sucia y cara de la empresa –típicamente la realizada a base de combustóleo y diésel–, que a menudo se producía con pérdidas. 

Por otro lado, la concurrencia de nuevos actores en el mercado de generación permitió bajar los costos de producción eléctrica del mercado en su conjunto, lo que supuso un beneficio para el negocio de comercialización de la CFE, pues bajaron los precios a los cuales adquiere energía para reventa en sus filiales de suministro (básico o calificado).

Según las memorias de cálculo de la Comisión Reguladora de Energía y solo considerando costos variables, el año pasado la electricidad producida por las centrales de la CFE fue de 867 pesos por Megawatt hora (MWh) monto 14% superior al de las centrales privadas que trabajan como productores independientes de energía (PIE) para la propia CFE y 90% superior al de las centrales que trabajan con contratos obtenidos vía subastas de largo plazo.

Estas brechas se acentúan al analizar los costos totales de generación (fijos más variables), renglón en el que la CFE contabilizó costos promedio de 1,413 pesos por MWh, cifra que es 26% superior a la de los PIE y 180% mayor que la de las centrales que trabajan con contratos de subastas. 

De acuerdo con un análisis del Instituto Mexicano para la Competitividad (IMCO), si en el 2019 CFE Suministro Básico hubiera comprado los 97,169 GWh adquiridos de centrales PIE (89,527 GWh) y de subastas de largo plazo (7,632 GWh) a las plantas de la CFE (suponiendo que la empresa contara con la capacidad de producir esa energía), el costo de esa energía habría sido de 138,528 millones de pesos en lugar de 85,100 millones que costaron; un aumento de 63 por ciento.

La reforma del 2013-2014 también ordenó un reconocimiento explícito de los subsidios que la CFE aplica a los consumidores del consumo básico de bajo consumo. Del 2016 al 2020, la empresa ha recibido transferencias del gobierno federal de alrededor de 64,000 millones de pesos anuales, en promedio, lo que ha fortalecido sus ingresos.

Asimismo, la CFE entró en un nuevo régimen fiscal producto del cambio de su naturaleza jurídica, al convertirse en una Empresa Productiva del Estado, con lo que dejó de ser causante del pago del aprovechamiento al gobierno federal que, en el 2014 –último año de dicha obligación– significó un importe por 58,000 millones de pesos. Desde el 2016 la CFE tributa el Impuesto Sobre la Renta bajo las mismas condiciones de otros grupos empresariales.

Nuevos negocios

En otro aspecto, la CFE también diversificó sus fuentes de ingreso, con la entrada en nuevos mercados como el de comercialización de combustibles a través de su red de ductos. 

Del 2016 al 2020 este negocio ha generado ingresos para la estatal por 126,539 millones de pesos, es decir un promedio de más de 25,000 millones por año, que representa 5.2% de los ingresos de la empresa en ese período, aunque en años como el 2018, esa participación fue de más de 10 por ciento.

En coincidencia con los aspectos descritos, del 2016 a la fecha la CFE ha registrado ganancias operativas (antes de impuestos y gastos financieros) consistentemente.

Esto incluso en el 2020, año en el que la reinstauración del antiguo régimen de pensiones de la empresa –que permite a la plantilla sindicalizada jubilarse a los 25 y 30 años de servicio dependiendo de si se es mujer u hombre y ya no a los 35 y 40 años como se negoció en el 2016– lastró los resultados finales de la empresa.

Así, el año pasado la CFE perdió 78,919 millones de pesos, luego de que los costos de obligaciones laborales se dispararon, de un año a otro, de 35,900 millones a 120,789 millones de pesos, terminando con ello una racha de cuatro años de marcar números negros.

octavio.amador@eleconomista.mx