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Malos jefes: el costo emocional y empresarial del liderazgo tóxico
Una mala relación entre un jefe y su equipo pueden deberse a varios motivos, como una mala cultura organizacional y la falta de habilidades blandas; como la empatía.

Si el liderazgo no es auténtico, difícilmente resulta efectivo con el equipo.
Un liderazgo basado en el autoritarismo genera agotamiento y desgaste en los colaboradores. También afecta la reputación de las empresas y termina alejando al talento.
En este sentido, trabajar con un mal jefe puede ser una mala experiencia laboral; sin embargo, también es un momento de aprendizaje para no repetir patrones, explica Sami Ramírez, autora del libro ¡Auxilio! Tengo un jefe.
Una mala relación con el jefe despierta un montón de emociones que nadie nos ha enseñado a gestionar. Lo sé porque lo viví en carne propia, y muy poca gente habla de eso”, comenta.
Personalidades que no coinciden
Entre los motivos por los que una relación laboral sana no logra consolidarse, se encuentra el que las personalidades no son compatibles. La autora agrupa estas conductas en cuatro perfiles inspirados en distintos test de personalidad.
1. Guerrero: Les gusta tener el control, se sienten cómodos si están a cargo, toman decisiones rápidas sin distraerse de las metas que se proponen; son de pocas palabras y priorizan los resultados.
2. Mediador: Prefieren trabajar con las personas que confían; no buscan protagonismos porque priorizan las necesidades del grupo; prefieren evitar el conflicto y valoran la colaboración.
3. Explorador: Les gusta ser el centro de atención, valoran el reconocimiento y tener vida social; les agrada motivar a los demás y las conversaciones profundas.
4. Guardián: Tienen preferencia por la estabilidad y el orden; son precavidos con lo que hacen y dicen; no suelen improvisar y piensan con detenimiento antes de opinar.
Sami Rodríguez explica que las personas suelen usar las cuatro personalidades, pero cada una con base en la situación. Pero cuando las personalidades de un jefe y un colaborador no coinciden, pueden surgir los problemas en el trabajo.
Tuve una situación difícil con un jefe y emocionalmente fue complicado para mí y me impactó mucho. En ese momento, no tuve las herramientas o suficientes herramientas para poderlo manejar”, menciona.
Emociones en el trabajo
Otro motivo que suele causar conflictos laborales es el manejo de las emociones, que muchas veces se suelen reprimir, incluso desde la infancia. Expresiones como “no llores”, se relacionaban con la valentía.
“Solo hubo una emoción que se volvió una herramienta y nos permitimos usar en sociedad, porque aprendimos que nos servía para protegernos, para parecer fuertes y pedir cosas. Nos convencimos que nos servía para ser respetados y tener el control: el enojo”.
Por ello, recalca la necesidad de que los jefes y también los colaboradores trabajen en la inteligencia emocional, debido a que ha tenido casos en que les pregunta a sus clientes qué es lo que llegan a sentir en el trabajo, muchas veces no logran identificar qué sienten realmente.
Ambientes laborales tóxicos
En muchas ocasiones, el clima organizacional influye en cómo se desarrollan las relaciones laborales entre el jefe y su equipo. Por lo que en muchas organizaciones todavía existe una normalización de malos tratos y dinámicas tóxicas.
Las personas que se enfrentan con un jefe tóxico, les toma mucho tiempo darse cuenta. Mantienen la creencia que son fuertes y pueden soportarlos”.
Sin embargo, esto a largo plazo genera un desgaste emocional que puede escalar hasta llegar a tener el síndrome de burnout y tanto la innovación como la retención de talento disminuyen.
Por ello, cuando un jefe no cuenta con suficientes habilidades de liderazgo, suele deberse a que no existe un programa de capacitación. “La mayoría de los jefes ascienden porque hacen un buen trabajo, pero no porque son buenos líderes”.

