El Fondo Monetario Internacional (FMI) sostiene que las tasas de interés negativas que han aplicado los bancos centrales desde hace ocho años “han funcionado” para favorecer una recuperación económica y en el margen, estimular a la inflación cuando fue necesario.

En uno de los seminarios virtuales que abrió el FMI como parte de sus Reuniones Anuales, explicaron que los bancos centrales de Dinamarca, la zona del Euro, Japón, Suecia y Suiza recurrieron a estas políticas en respuesta a problemas que tenían para estimular la inflación pese a haber llevado las tasas a niveles cercanos a cero.

Los investigadores del Departamento de asuntos monetarios y de mercados de capital en el FMI, Gunes Kamber y Marco Casiraghi, argumentaron que los efectos de la crisis ocasionada por la pandemia, colocaron en un primer plano el manejo de políticas de tasas de interés negativas en un contexto donde muchos bancos centrales carecen de margen de maniobra.

“En general estas políticas han relajado las condiciones financieras y de paso es probable que hayan respaldado al crecimiento y la inflación”, observó Casiraghi.

Reconoció que el manejo inicial de esta política motivó reticencia sobre el impacto que podría tener en las tasas de ahorros de corporativos y empresas.

Sin embargo, Kamber evidenció que en general “los volúmenes de crédito de los bancos han aumentado y no se ha producido un desplazamiento hacia el uso de efectivo entre los bancos y los clientes”.

En otro seminario, dedicado a revisar los Desafíos Macroeconómicos a partir de la disminución de las tasas reales a pesar del aumento de la deuda pública, funcionarios del FMI explicaron que hay una intensa discusión para encontrar si hay un nivel correcto de deuda para los gobiernos.

El analista del Institute of Capacity Development del FMI, Ehsan Ebrahimy, explicó que en las economías avanzadas y en algunas emergentes, el gasto público y la deuda se han incrementado por “buenas razones”.

A pesar del aumento de la deuda, los intereses han caído y permanecido bajos, refirió. Algunos gobiernos piensan que quizá tener deudas grandes a un bajo costo no genera riesgos. Quizá pueden gastar sin preocuparse demasiado. Pero la pregunta es si las tasas bajas son verdaderamente buenas para la sostenibilidad fiscal.

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