Las empresas productivas del Estado, creadas a partir de la reforma energética, Pemex y la Comisión Federal de Electricidad (CFE), fueron castigadas por la calificadora Moody’s, que les confirmó a ambas una perspectiva Negativa pese a reconocer que el Estado se mantiene como un garante de sus deudas. En ambas empresas, la agencia señaló que la calificación y perspectiva que obtienen es consecuencia de los grados otorgados a México.

En primer lugar, Moody’s Investors Service afirmó que la deuda no asegurada de la CFE tiene una calificación de Baa1 en escala global y las perspectivas siguen siendo negativas.

La perspectiva Negativa asignada a la calificación de la CFE está en línea con la del gobierno de México, de ser proveedor de apoyo , menciona.

La calificación asignada a la CFE es de Baa1 y considera varios factores que la sustentan: la calificación del país, su posición privilegiada como proveedor de servicios de apoyo, el apoyo del gobierno en caso de dificultades financieras y la dependencia por defecto entre la CFE y el gobierno mexicano.

El desempeño financiero de la CFE mejoró en el 2016 como resultado de mayores ventas, una reducción material del pasivo por pensiones de la compañía y una transferencia monetaria de 30,000 millones de pesos para compensar parcialmente los subsidios.

Anticipamos que estas transferencias continuarán en el mediano plazo. Aquellas medidas permitieron a la CFE registrar un beneficio neto positivo por primera vez desde el 2010. Esperamos que los efectos positivos observados en el 2016 sean ampliamente diluidos en el 2017 debido al efecto de reducción de pensiones , precisa la calificadora.

El Plan de Negocios 2017-2021 de la CFE prevé un retorno a los beneficios en el 2021, impulsado por una serie de medidas de contención de costos y un programa de capital que será dimensionado para asegurar el mantenimiento y la mejora gradual de las principales métricas.

En el caso de Pemex las calificaciones están en Aa3.mx/Baa3 ; de corto plazo en escala nacional están en MX-1 . Las acciones fueron basadas en la opinión de que las necesidades de financiamiento externo de la compañía en el 2017 y el 2018 serán menores a las esperadas a principios del 2016 debido a los mayores precios del petróleo, los estrictos controles de costos, y por ende la mejor generación de flujo de efectivo, a pesar de la fuerte carga fiscal.

Por dar un ejemplo, el repunte en los precios del petróleo y los estrictos controles de costos impulsaron el EBITDA de 25,600 millones de dólares de Pemex en el 2016, cuatro veces más que las expectativas de la compañía a principios del año. Adicionalmente redujo sus inversiones de capital a 10,000 millones de dólares, de 14,000 millones de dólares en el 2015, para proteger la liquidez y reducir las necesidades de financiamiento externo.

En el 2017-2018 esperan que las necesidades de financiamiento externo de la compañía no rebasen los 7,000 millones de dólares anuales, a pesar de ello, prevén que sus indicadores crediticios permanecerán débiles durante los próximos años y la compañía continuará dependiendo de los mercados de capitales para financiar su flujo de efectivo libre negativo.

Las perspectivas de mediano plazo son que Pemex incremente su retorno sobre inversiones y finalmente adquiera tecnología para desarrollar campos de aguas profundas.