La participación laboral y de liderazgo de las mujeres es prácticamente nula en los sectores en los que se concentra el proyecto de reactivación económica. En los proyectos anunciados se encuentran sumas de capital importantes destinadas a carreteras, puertos, transportes terrestres y producción y transformación de energéticos, en todas estas actividades los hombres ocupan la mayor parte de los puestos y las plazas ocupadas por mujeres, además, son las más precarizadas.

El pasado 5 de octubre el presidente Andrés Manuel López Obrador y la iniciativa privada firmaron un acuerdo para realizar 39 proyectos cuya inversión total suma 297,344 millones de pesos como parte de la primera fase del plan de reactivación económica, que busca contrarrestar los efectos de la emergencia por Covid-19. De los 39 proyectos, siete ya se encuentran activos y 37 son obras nuevas; los sectores en donde se realizarán las inversiones son comunicaciones y transporte, energía, producción, suministro y abastecimiento de agua y medio ambiente.

La construcción es el sector en donde menor participación laboral femenina se registra; en México sólo 4 de cada 100 trabajadores de la construcción son mujeres, de acuerdo con cifras de la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE I TRIM 2020) del Inegi. En el rubro de transportes y almacenamiento sólo 9 de cada 100 plazas están ocupadas por una mujer, en la industria minera apenas 14 de cada 100 y en las actividades de generación y distribución de agua, gas y electricidad sólo 21 de cada 100 trabajadores son mujeres.

En ningún caso la participación laboral entre hombres y mujeres es equitativa; las mujeres, de hecho, no representan ni la mitad de la población total ocupada en los sectores en los que se enfocará el proyecto de reactivación económica. La fuerza laboral femenina está concentrada mayoritariamente en el comercio y los servicios en conjunto con algunas actividades agrícolas; sectores que están fuera del foco en las inversiones para reactivar la economía, al menos en esta primera fase ya presentada.

Expertos y analistas han alertado ya sobre la insuficiencia de los incentivos, programas y políticas que se han levantado desde la iniciativa pública para hacer frente a la crisis económica derivada de la pandemia. Instituciones globales como la Cepal y Oxfam, así como algunas nacionales como el Coneval han insistido en que, además de no compensar el impacto económico y social, incluso podrían provocar una profundización de las problemáticas laborales que ya existían previamente.

La participación laboral femenina seguía una tendencia creciente constante, del primer trimestre del 2005 al primero del 2020 la tasa de participación femenina pasó de 39.9 a 45.4%; para agosto del 2020, cuando el impacto de la pandemia en el empleo se ha relajado, la tasa de participación femenina se ubicó en 38.9 por ciento. Esto es: la pandemia revirtió los avances de 15 años en términos de participación de las mujeres en actividades laborales pagadas.

Las cifras de la nueva versión telefónica de la ENOE y la ECOVID-ML (Encuesta sobre el Impacto Económico generado por el Covid-19), adicionalmente, han mostrado incrementos importantes en las labores domésticas y de cuidados a terceros desde que la pandemia llegó al país y, especialmente desde que inició el ciclo escolar de manera virtual. Al corte de julio el 35% de las mujeres que trabajaron desde casa declaraba que ahora tiene más carga en actividades del hogar e incluso mayor carga de sus actividades remuneradas.

Bajo este contexto es fundamental resaltar la ausencia de perspectiva de género en lo que, probablemente, será el proyecto clave para la reactivación económica del país. La inversión total que representan estos proyectos conjuntos entre el Estado y las empresas representan cerca del 1.5% del PIB total y tiene, esta primera fase, la expectativa de crear 185,000 a 190,000 empleos. La acotación es que, además de la baja representación femenina en los sectores foco del proyecto, cerca del 70% de la inversión se concentran en sectores clave para la administración: las refinerías y los trenes.

Pocas plazas y precarizadas

Además de ocupar un porcentaje bajo en la fuerza laboral de los sectores a los que están destinadas las inversiones para la reactivación del país, las pocas plazas que ocupan las mujeres en estos rubros se encuentran en los estratos más bajos.

En el rubro de la construcción, hasta el primer trimestre del 2020 se registraban sólo 5,770 mujeres trabajando en este sector con ingresos laborales superiores a cinco salarios mínimos mensuales, mientras que 89,457 hombres se encontraban en esta situación. Por su parte, en la industria manufacturera, sólo 44,720 mujeres trabajan con salarios de esta magnitud, que son equivalentes a más de 18,483 pesos por mes; en estas mismas plazas hay 188,816 hombres.

La precarización de las ocupaciones, especialmente en actividades secundarias como las que se enfoca el proyecto de reactivación económica, no son producto de la pandemia pero sí se han profundizado a partir de ella. La necesidad de poner foco de género y de otros grupos vulnerables en el programa que pretende levantar en su totalidad la economía mexicana será fundamental para, por un lado no retroceder en los modestos avances en términos de inclusión, y por otro lado para obtener un crecimiento económico mayor y más equitativo.

ana.garcia@eleconomista.mx