Goldman Sachs, Barclays y el Instituto de Finanzas Internacionales (IIF) temen que los intereses políticos de México puedan afectar el compromiso de consolidación fiscal y aceleren la degradación de la calificación crediticia del país.

Desde Washington, Martin Castellano, economista senior del Instituto de Finanzas Internacionales, explica que la debilidad del crecimiento económico y el aumento de la inflación están intensificando la presión sobre el presidente Enrique Peña Nieto, que tiene niveles de aprobación históricamente bajos .

A estas alturas del sexenio, la baja aceptación podría generar incentivos al sector público para aumentar el gasto público, poniendo en riesgo la meta de consolidación fiscal y alejarse de este objetivo, que supone el cumplimiento del superávit primario de 0.4% en el 2017, podría motivar un recorte de la calificación de crédito soberana , advirtió.

Con él concuerda Alberto Ramos, economista para América Latina en Goldman Sachs, quien desde Nueva York matiza que este deterioro de las condiciones económicas en la administración actual podría estar alimentando la atención del electorado a los candidatos de izquierda para las elecciones presidenciales del 2018.

La inquietud, matizó en México Marco Oviedo, economista en jefe de Barclays, es que los anuncios de recorte de los pasados dos años no se han ejecutado con efectividad.

El mismo Fondo Monetario Internacional (FMI) dejó por escrito en sus conclusiones a la Revisión Anual del Artículo IV para México la pertinencia de que dirijan en su totalidad los recursos extraordinarios que reciba el gobierno, como pueden ser los remanentes de operación del Banco de México, a la consolidación fiscal y la reducción de los Requerimientos Financieros del Sector Público.

Banxico sumaría más recursos extraordinarios

De acuerdo con Carlos Capistrán, economista en jefe para México de Bank of America Merrill Lynch, este remanente de operación de Banxico superará al histórico trasladado este año, y podría ser equivalente a 2 puntos del PIB.

Lo anterior favorecerá el logro de las metas fiscales, confió, pero matizó de nuevo el experto de Barclays que el riesgo está en que se presente un nuevo cisne negro, como este año fue Pemex, que pudiera motivar un redireccionamiento de los ingresos no recurrentes por la utilidad de Banxico, trasladados a Hacienda, reduciendo la expectativa de usarlos en su totalidad para lograr el superávit primario, como recomendó el FMI. O bien, que se utilice para acelerar el gasto público en un año evidentemente electoral.

La Secretaría de Hacienda cuenta ya con esos recursos extraordinarios pese a no tenerlos presupuestados. El pasado 20 de noviembre, Luis Madrazo, jefe de la Unidad de Planeación Económica de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público, aseguró que el proceso de consolidación fiscal está concluyendo.

Aseveró que la utilidad que generará el Banco de México el año entrante será suficiente para participarle a Hacienda un remanente de operación que favorecerá a mejorar el balance del sector público .

Calificadoras, al tanto

La semana pasada, la calificadora Fitch colocó en perspectiva Negativa la nota soberana de México, alineando la posición del emisor con la que tiene en las otras dos agencias, Moody’s y Standard & Poor’s, a un paso de la degradación.

Jaime Reusche, analista soberano para América Latina de Moody’s, ha explicado a El Economista que cuando la calificadora colocó la perspectiva de la nota soberana en Negativa, quedó expuesto que en el 2015, se registraron ingresos tributarios superiores a los esperados, resultado de la ejecución de la reforma, que podrían haber compensado la caída de los ingresos por petróleo . Lejos de aprovecharlos para acelerar la consolidación fiscal, fueron dirigidos a gasto corriente.

Se presentó una sorpresa positiva el año pasado ya que los ingresos tributarios aumentaron 2.6% del PIB, que es notable y claramente extraordinario (...) México no aprovechó la oportunidad de consolidar sus cuentas fiscales y en algunos rubros se expandió el gasto público a pesar del recorte anunciado .

Entre los elementos que sostienen el cambio en la perspectiva crediticia de México para Fitch, se encuentran el crecimiento económico por debajo de los pares del país en la misma nota y el bajo margen de maniobra de las autoridades para enfrentar choques externos, como una política comercial de Estados Unidos poco amigable.

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