El programa de estímulos que se acaba de aprobar en Estados Unidos tiene dos mensajes para México, dice Alejandro Díaz de León: uno es muy positivo pues traerá más crecimiento; a través de nuestras exportaciones y las remesas. El segundo mensaje es una advertencia: “debemos reforzar el marco de estabilidad macroeconómica de nuestro país”, explica el gobernador del Banco de México: “No hay claridad de lo que va a pasar en los mercados. Al ir más rápido la recuperación en Estados Unidos, hay una presión en las tasas de interés en el resto del mundo y también hay presión en los tipos de cambio en las monedas de los países emergentes… La clave está en lo que pase con la inflación en Estados Unidos. Si se materializan las presiones inflacionarias y cuánto tiempo tarde en ocurrir. Es un programa que vale 9% del PIB, en una economía que estaba proyectada para crecer más de 5%, antes de que se anunciaran los estímulos”.

El gobernador del banco central conversa con El Economista al final de la 84 Convención Bancaria. “Veo un sistema bancario muy sólido con un índice de capitalización que supera 17% y un índice de morosidad inferior a 3 por ciento. Uno de los mayores retos es detonar el otorgamiento del crédito. El comportamiento no es muy diferente a lo que hemos observado en otros países. En general hay una menor confianza en hogares y empresas para endeudarse. Es lógico que en muchos hogares la confianza para solicitar un crédito haya disminuido, toda vez que hay una incertidumbre lógica respecto a sus ingresos. Esto podría revertirse en la medida en que se materialicen las expectativas de crecimiento económico, nosotros estamos pronosticando 4.8% para el 2021 y 3.3% para el 2022”.

Alejandro Díaz de León Carrillo ofrece una visión de la economía mexicana llena de matices: “El 22% de la actividad económica corresponde a actividades o sectores que están por encima del nivel que tenía antes de la pandemia. Luego tenemos alrededor de 56% que está en niveles de contracción moderada, de 0 a 5 por ciento. El 22% restante tienen una contracción significativa, mayor a 5 por ciento. Esto significa que tenemos alrededor de 78% de la actividad económica que podría ser sujeto de crédito y podría beneficiarse de tasas de interés que han bajado de manera significativa… El reto para el sector financiero es evaluar cada uno de los proyectos de acuerdo a sus propios méritos”.

Si el reto es la recuperación, ¿qué puede hacer el banco central y qué le toca hacer a otras instancias?

El año pasado ilustra lo que el Banco de México puede hacer. Bajar las tasas de manera ordenada, dar facilidades para créditos. La tasa objetivo del Banco de México bajó desde agosto del 2019 a la fecha de 8.25 a 4 por ciento. Los programas de apoyo en financiamiento anunciados por el banco central en el primer cuatrimestre de 2020 fueron por 800,000 millones de pesos, de los cuales el monto asignado total fue de 474,000 millones de pesos. Lo que el banco central provee es liquidez y financiamiento, pero no le corresponde otorgar facilidades para absorber pérdidas. Tenemos también los programas de garantías que normalmente corresponden a la banca de desarrollo. Son un complemento en tiempos de volatilidad o incertidumbre.

Intermediados tienen renuencia a prestar

El banquero central hace una evaluación de los resultados de este programa: “Este tipo de facilidades no es muy distinto a lo que pasó en otros países. En principio, el monto asignado no es la única manera de evaluar el éxito del programa. El sólo hecho de anunciar las medidas cambia el comportamiento de los intermediarios financieros. Los intermediarios tienen más renuencia a prestar en ausencia de estas medidas. Creemos que han servido y por lo mismo la Junta de Gobierno acordó extenderlas hasta finales de septiembre, aunque vaya a haber una reducción gradual de aquí a septiembre”.

Cada año, en el contexto de la Convención Bancaria, uno de los grandes temas es la inclusión financiera. En México 32% de la población entre 18 y 70 años no tiene acceso a ningún producto financiero; 53% de los adultos no tiene cuenta bancaria .

“El año pasado nos dejó claro que el uso de las tecnologías no era sólo una oportunidad para favorecer la inclusión: Se convirtió en un imperativo, en una obligación de política pública. En el 2020 quedó claro que los mexicanos que tenían acceso a medios remotos de pago tuvieron menor afectación en sus actividades, e incluso menores riesgos. El que no tenía esa facilidad o esa costumbre debía asumir mayor riesgo al ir a la sucursal bancaria”, precisa

¿Qué pasó con la plataforma de cobro digital, CoDi?

En los últimos dos años hemos puesto mucha atención en el CoDi, por ser el último entregable de nuestra estrategia de desarrollo de un sistema de pagos remotos. Hubo ocho millones de teléfonos que se dieron de alta en el 2020, pero el enrolamiento se vio afectado por la pandemia. En este contexto, me gustaría subrayar lo que ocurrió con el SPEI, que es la columna vertebral de nuestro esfuerzo en esta materia. El año pasado se registró un volumen de 885 millones de operaciones menores a 8,000 pesos y el volumen de esas operaciones creció en 90 por ciento. Vamos a seguir reforzando estas plataformas. Para que sean mas accesibles los medios de pago remotos”.

El comportamiento no es muy diferente a lo que hemos observado en otros países. En general hay una menor confianza en hogares y empresas para endeudarse. Es lógico que en muchos hogares la confianza para solicitar un crédito haya disminuido, toda vez que hay una incertidumbre lógica respecto a sus ingresos.

lmgonzalez@eleconomista.com.mx