La secretaria del Tesoro de Estados Unidos, Janet Yellen, hizo un llamado a todos los países a unirse a ese país para discutir el establecimiento de un impuesto corporativo mínimo a nivel mundial.

“Juntos podemos utilizar un impuesto mínimo global para garantizar que la economía mundial prospere sobre la base de una mayor igualdad de condiciones en la tributación de las empresas multinacionales, y que estimule la innovación, el crecimiento y la prosperidad”, comentó Yellen ante el foro “Chicago Council on Global Affairs”.

La funcionaria, también, mencionó que Estados Unidos trabaja junto con los países del G-20 para acordar una tasa mínima del impuesto corporativo a nivel mundial que pueda poner fin a una carrera que ha ido a la baja en cuanto a las tasas impositivas que ha perdurado por más 30 años.

“La competitividad va más allá de cómo se comportan las empresas con sede en Estados Unidos (...) Se trata de garantizar que los gobiernos tengan sistemas fiscales estables que recauden suficientes ingresos para invertir en bienes públicos esenciales y responder a las crisis, y que todos los ciudadanos compartan equitativamente la carga del financiamiento del gobierno”, puntualizó.

La ex presidenta de la Fed recordó que es demasiado pronto para que las economías avanzadas declaren la victoria sobre el coronavirus e insistió a los socios comerciales de Estados Unidos que continúen con el esfuerzo fiscal y eviten retirar el apoyo demasiado pronto, para así poder promover una recuperación fuerte.

Por el caso contrario, Yellen no es ajena de la situación que afrontan los países que tienen ingresos medios y/o bajos porque se encuentran en una situación diferente a la los países ricos, “ya que carecen del financiamiento necesario para apoyar a sus economías y a su población durante la pandemia y por lo tanto están limitados para obtener vacunas”.

El resultado en los países pobres será probablemente una crisis más profunda y duradera con problemas de endeudamiento, una pobreza más arraigada y una creciente desigualdad.

“Sus crisis empujarán hasta 150 millones de personas a la pobreza extrema este año, invirtiendo las tendencias de las dos últimas décadas, con mujeres, jóvenes y trabajadores informales especialmente afectados. Además, otros 120 millones de personas se verán afectadas por la inseguridad alimentaria y esta tendencia podría agravarse”.

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