El Banco de México debe recordar a la población y, en particular, a las generaciones jóvenes sobre las bondades de una economía sin problemas inflacionarios, “para no caer víctima de su propio éxito”, advirtió Agustín Carstens, gerente general del Banco de Pagos Internacionales (BIS, por su sigla en inglés), el cual es el banco de los bancos centrales en el mundo.

“Alimentar esa convicción es la mejor manera de mantener viva la autonomía del banco central”, sentenció.

De visita en México, para participar en el Seminario por los 25 años de Autonomía del Banco de México, el exgobernador del instituto central, entre el 2010 y el 2017, explicó que 35% de la población en el país no ha vivido en épocas de inflaciones altas, de dos dígitos o más. 

Ellos (las generaciones jóvenes) “no tienen en la memoria el desasosiego vivido en épocas de inflaciones altas, de-sorden fiscal e inestabilidad financiera”, destacó. Hay que contarles y recordarles que entre otras secuelas “la inflación es un impuesto altamente regresivo que incide mayormente sobre los que menos tienen”. 

“Es la memoria colectiva” la que sostiene lo que él llama “expresión política categórica” de “consagrar en la Constitución una institución dentro del Estado, comprometida en preservar el poder adquisitivo de la moneda nacional”.

Este hecho “refleja la importancia que se le atribuye a proteger a la población del lacerante efecto de una inflación desordenada”.

“Para que la sociedad crea en la autonomía y la apoye, antes la debe entender. Para que la entienda, el banco central debe explicar clara e incansablemente qué es lo que hace, cómo funcionan sus instrumentos de política, cómo espera que sus acciones surtan el efecto deseado y cuál es el entorno en el que opera”, sostuvo.

También “debe explicar al público sus limitaciones y lo que está fuera de su alcance y no se puede lograr sin una buena estrategia de comunicación”. 

Apoyar al crecimiento… sin arriesgar

En su discurso, como parte de “las cuatro lecciones derivadas de 25 años de autonomía”, el directivo del BIS comentó que “podrían presentarse circunstancias”, donde el instituto central puede ser “un tanto flexible para ayudar al gobierno a perseguir un mejor desempeño de la economía nacional”.

Pero matizó que este apoyo, vía una política monetaria laxa, puede darse sólo si no se pone en riesgo su mandato prioritario de estabilidad de precios. De otro modo, “se corre el riesgo de perder credibilidad”.

Si el instituto emisor tiene la capacidad de influir de esa manera, sin poner en riesgo el cumplimiento de su objetivo prioritario, debería actuar en consecuencia”, señaló el banquero de los bancos centrales.

“Mal aplicada (la flexibilidad para apoyar al crecimiento), podría minar la credibilidad del banco central”, advirtió.

Casos específicos

El funcionario menciona que son tres las circunstancias en las que un banco central puede apoyar al gobierno en conseguir un mejor desempeño de la economía.

Si la inflación se encuentra claramente debajo del objetivo establecido; si son los choques de oferta los que están generando variaciones adversas de los precios relativos y si, en contra, surgen episodios en los que pudiera ser conveniente adoptar una postura de política monetaria más restrictiva. El mensaje de fondo es claro, aseveró el banquero: el banco central no debe tener un enfoque mecanicista sobre sus reacciones o desviaciones de la meta de inflación.

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