MOSCÚ. A Carlos Vela no le gustan los abrazos o que las expresiones de afecto sean públicas. Su cara casi siempre es de contemplación, introspectiva, como pensando en la siguiente jugada, cómo quitarse a un rival o pisar el balón… meter un gol.

El delantero hace trabajar más su lóbulo frontal, la parte del cerebro donde la voluntad se convierte en una acción, donde las decisiones se transforman en cinética del cuerpo para patear el balón y anotar su primer gol en un Mundial de futbol.

Vela es todo lo opuesto a Javier Hernández, quien utiliza más su sistema límbico, aquella parte de nuestro cerebro que nos hace sentir miedo, coraje, pasión y felicidad. Esa que le provoca sonreír casi en cualquier momento, como cuando convirtió su gol, el tercero del atacante en mundiales y que le hizo abrir los brazos, como queriendo abrazar a sus 10 compañeros en la cancha.

Chicharito necesita todo el afecto posible, para Carlos solo es necesario una palmada en la espalda, un choque de manos antes de salir de cambio y, tal vez, una pequeña sonrisa.  

México venció 2-1 a Corea del Sur en el segundo partido del Mundial de Rusia 2018, se coloca con seis puntos a punto de conseguir la calificación a octavos de final con un empate o derrota de Alemania. Como en 2002, con Javier Aguirre, la Selección Mexicana tiene un inicio perfecto.

Los goles de Vela y Hernández sirvieron para la victoria, dos jugadores que son polos opuestos en el equipo nacional. Carlos con el innato talento para jugar al futbol y al que le apasiona el basquetbol; mientras que Javier necesita las emociones, fracasar, triunfar, ponerse retos, fallar goles.

La historia de Chicharito y Vela estuvo conectada desde hace 13 años, cuando Carlos celebraba el título Mundial sub-17 de la Selección y el título de goleo, mientras Javier viajó a Perú a observar la final por invitación de Jorge Vergara, el dueño de Guadalajara, equipo donde jugaba.

Javier no asistió con aquella Selección, no pasó el último corte, y aquella noche de octubre en Lima, Perú, su abuela le dijo: “los tiempos de Dios son perfectos”.

Carlos no es histriónico, pero pidió el balón para tirar el penal que cometió Hyunsoo Jang por una mano dentro del área, tras un centro de Andrés Guardado. En la acción más enfática del delantero de LAFC en la cancha, fuera de los pases, las barridas, los disparos, fue cuando Javier Hernández apuntó con las manos al cielo y le recordó que mientras México vencía a Alemania, ese mismo día el abuelo de Vela falleció.

Desde aquel triunfo juvenil, Vela fue inconsistente en sus clubes y selección. “El tiempo y los años te hacen madurar”, se justificó de sus tres negativas de acudir con la Selección Mexicana al Mundial de Brasil 2014 y para este proceso regresó al equipo nacional.

Aún así, Javier acumula 103 partidos y ante Corea del Sur marcó su gol número 50 con México, es junto a Rafael Márquez y Cuauhtémoc Blanco los únicos jugadores en marcar en tres mundiales diferentes e igualó a Luis Hernández (cuatro goles) como el futbolista mexicano con más anotaciones en las Copas del Mundo.

Con tropiezos, errores y fallas, Chicharito sigue sonriendo, insistiendo y haciendo valer la frase que le dijo su abuela en el momento más importante de México hasta entonces en el futbol, pero que para él era una decepción.

Carlos apenas llegó a 70 juegos y anotó su primer gol en un mundial, el número 20 con la playera de México.

Mientras Vela se fue de la zona mixta sin dar declaraciones, no asume la última gaceta de líder en la Selección, Javier no dejó de escapar una nueva oportunidad para demostrar su carácter emotivo.

“La verdad es que la realidad supera los sueños, hay que soñar, hay que imaginarse cosas chingonas, hay que seguir así, yo tengo muchas ganas de poder lograr cosas importantes para nuestro país, es lo más bonito, lo que más me motiva, me ilusiona”, dijo el delantero.

La celebración del segundo triunfo de México en Rusia 2018 no fue muy distinta que sus juego. Javier no dejaba de repartir abrazos, cariños, de expresar su felicidad; a Vela le fue suficiente mandar un beso a su familia y sentir el alivio de que su calidad ayudó a ganar a México. Chicharito es pasión y trabajo; Vela es talento y calidad.