La Catedral de los toros en América se vistió de fiesta tras el corte del rabo número 129 en su historia por parte de Pablo Hermoso de Mendoza, para dar fin a la campaña 2015-2016; Enrique Ponce, Fermín Rivera y Octavio García el Payo no se quedaron atrás y tuvieron destacadas actuaciones.

El rejoneador navarro recibió a Tejocote de Los Encinos, quinto del festejo que fue premiado con los honores del arrastre lento, al que enceló con técnica en la grupa de Berlín y colocó banderillas al quiebro en suertes realizadas pisando terrenos muy comprometidos y dando el pecho del caballo.

Con Dalí, un hermoso alazán, sobresalieron las piruetas delante de la cara de su enemigo. Finalizó a bordo de Pirata, tordillo estrella de su cuadra con el que puso banderillas cortas, a dos manos y suertes como el teléfono, para cerrar su labor con el rejón mal colocado que no impidió el entusiasmo de la gente, que con sus pañuelos exigió al juez el rabo, en lugar de las dos orejas otorgadas y que al final le fue concedido. En su primero tuvo una labor similar en cuanto a lo destacado de sus monturas y la colocación de los rejones, banderillas y rejón de muerte para ser ovacionado.

También triunfó el potosino Fermín Rivera, quien luego de una gran faena a un toro que regateaba las embestidas, al que lanceó variado y le realizó un quite muy vistoso por fregolina con gaoneras, llevó con un trincherazo y el de la firma a los medios a su enemigo para hilvanar tandas por ambos lados, con temple, valor y lentitud para dejar la estocada entera y recibir el primer apéndice de la tarde.

Con su segundo, sin oportunidad, abrevió y le aplaudieron.

Enrique Ponce no se quiso quedar atrás. Fueron tres faenas magistrales, llenas de temple, mando y recorrido, con las que logró que la gente se le entregara y le aplaudiera entusiasmada, para terminar con un balance de ovación tras un aviso, vuelta al ruedo con mucha fuerza y una oreja en el que mató por el Payo.

El queretano Octavio García el Payo llegó disminuido de facultades físicas al compromiso, la infección que trae desde hace tiempo aunada a la fractura de nariz que sufrió hace una semana, le cobraron factura y tuvo que refugiarse en el burladero para devolver el estómago a pesar de una labor muy digna y de cabeza fría, misma que saldó con un pinchazo hondo y le aplaudieron. Ya no salió de la enfermería a matar a su segundo.