Pumas volvió a caer en la tediosa costumbre de perder en casa, fue ante León 3-1, y dejando un sabor muy amargo entre la afición que asistió al estadio Olímpico Universitario. Al terminar el partido, el clima de decepción invadía las gradas del inmueble y en los jugadores era visible el gesto de frustración, aquel que no aparecía en sus rostros desde hace nueve juegos en casa, desde su última derrota, pero que en los últimos años se ha convertido en un viejo hábito, de no poder hacer valer su localía.

El presagio era inequívoco, la ausencia de Ismael Sosa redujo la capacidad ofensiva de los Universitarios, que mostraron su versión más pobre del torneo, según el propio análisis de Guillermo Vázquez.

La señal más clara de la deficiencia al ataque fueron la docena de centros largos, pases diagonales, que Darío Verón y Gerardo Alcoba mandaron desde la zaga, buscando un golpe de suerte o una genialidad de Dante López y Alfonso Nieto, el sustituto de Sosa.

Fue quizás más evidente el desempeño del joven canterano en la segunda parte. Nieto, con apenas 35 partidos en el máximo circuito, de los cuales, con el de ayer, llegó a 15 juegos de titular, no pudo ser un socio eficaz para Eduardo Herrera; mientras que Dante libra cada partido una batalla contra el defensor en turno para superarlo y, a veces, en un par de ocasiones, crear peligro en la portería rival.

Con la ausencia de Ismael Sosa (suspendido un partido por expulsión), el ataque auriazul carece de explosividad, de sorpresa y contundencia. Todo eso representa el argentino para los Pumas, que enfrentaron a un equipo poderoso con la pelota y con dos delanteros (Boselli y Sabah) que siempre ejercieron presión sobre los defensas locales.

Apenas en la primera jugada del partido, Miguel Sabah perdonó el gol, al plantarse solo frente a Alfredo Saldívar. Instantes después, en una réplica de la jugada anterior, Mauro Boselli anotó el primer gol del partido, en una demostración de eficacia.

Por primera ocasión en el torneo, Pumas se veía abajo en el marcador, pero con su jugador más desequilibrante no disponible, la misión de revertir el marcador fue imposible.

Cuando llegó el segundo tanto, a través de un remate de cabeza de Miguel Sabah, el equipo se desmoronó y no hubo discurso que despertara a los futbolistas al medio tiempo.

Un espejismo de esperanza llegó con el gol de Eduardo Herrera, que fue consecuencia de la habilidad y descaro de Jesús Gallardo, que entró en el segundo tiempo y fue el más incisivo de los sustitutos.

Sólo eso pudo despertar el ánimo de los Pumas, pero sólo en el espíritu, porque en la cancha no había rastros de estrategia, ni siquiera la incursión de Gerardo Alcoba como un delantero más, en un gesto desesperado por empatar, pudo reanimar a los felinos, que dejaron a merced de un contragolpe la definición del encuentro.

Y así fue. No hubo señal más clara de sentencia para los Pumas que el gol de Martín Bravo, su antiguo emblema y figura. La Rata se plantó solo ante Saldívar, levantó la mirada y colocó su disparo en la base inferior de la portería.

No hubo festejo, por respeto y agradecimiento, comentó el delantero previo al juego, pero no hubo ofensa más grande para los locales que el saber que sin Sosa en la cancha y con su ex figura como rival, el ataque de los Pumas está condenado a la trivialidad.

Leones Negros se ?hunde en la porcentual

Leones Negros parece haber caído en un tobogán con destino hacia la Liga de Ascenso. El equipo dirigido por Alfonso Sosa perdió en casa 2-0 con Atlas con goles de Aldo Leao y Enrique Pérez, resultado que lo mantuvo en el fondo de la tabla de cocientes. Tras el descalabro en el Jalisco, el cuadro tapatío suma 21 puntos en 22 compromisos, con un promedio de 0.9545, detrás de Puebla que cuenta con 1.0000, y de Chivas que tiene cinco unidades de ventaja y tiene un porcentaje de 1.0556.

eduardo.hernandez@eleconomista.mx