El futbol femenil se juega a otra velocidad. En los inicios de los campeonatos mundiales, las jugadoras explotaban durante los primeros 15 minutos del juego, demostraban sus capacidades físicas, pero sufrían en el fondo físico y, conforme pasaban los minutos, el descenso en el rendimiento y resistencia eran consecuencias del cansancio, que a la vez se traducía en errores, desatenciones, goles en contra.

“La parte que más ha evolucionado en el futbol femenil es el fondo físico, cada vez más las jugadoras pueden hacer toda la parte de calidad técnica, a una mayor velocidad y por mayor tiempo del partido. Eso permite que en los minutos finales del partido el orden táctico se mantenga”, dice Jorge Gómez, entrenador de Puebla Femenil.

Desde el 2011, la FIFA realiza un informe de análisis físico de los mundiales femeniles, donde los datos ayudarán a marcar tendencias, evolución del juego y encontrar correlaciones entre los datos que arroja el rendimiento de las jugadoras y los resultados deportivos

Por ejemplo: las jugadoras del Mundial de Canadá 2011 recorrieron en promedio una distancia de 10.2 kilómetros por partido; sin embargo, hubo una variación en la resistencia y distancia recorrida entre las seis mejores selecciones del campeonato, que recorrieron 10.6 kilómetros, una variación favorable de 3.9%, pero en los seis peores equipos del mundial de Canadá, el rendimiento físico de las jugadoras fue de 9.9 kilómetros.

“Las jugadoras deberán especializarse más en sus posiciones, en el contexto de las labores del equipo. En general, deberán convertirse en futbolistas multifuncionales. Estos aspectos representan algunos de los desafíos del futuro para los entrenadores de las mejores escuadras femeninas del mundo”, señala el informe de análisis físico del Mundial Femenil de Canadá 2015.

Jorge Gómez, quien fue integrante del Centro de Formación de Selecciones Nacionales Femeniles entre el 2012 y el 2017, explica cómo evolucionaron los modelos y sistemas de entrenamiento en el futbol femenil.

Las selecciones y países que tienen tradición y ligas consolidadas fueron las que primeras que apostaron por imponer condiciones por sus cualidades físicas, pero con el tiempo, el trabajo homogéneo en los equipos femeniles ayudó a que las futbolistas aumentaran sus nivel físico competitivo.

“La tendencia es muy marcada en la profesionalización de las jugadoras, ellas se encuentran en escenarios de trabajo donde pueden mantener el ritmo y exigencia de entrenamiento por más tiempo del año, donde compiten en mejores ligas y en las competencias internacionales hay mejores escenarios”, señala el entrenador de Puebla Femenil.

A principios de la década, los entrenamientos del futbol femenil consistían en las enseñanzas básicas del futbol, como control, recepción, posesión y traslado del balón.

El director técnico mexicano recuerda que los ejercicios consistían en trabajar las bases de la técnica, el rebotadero, frontón, el típico movimiento de frente y tocar la pelota, “pero al aumentar la calidad técnica, las jugadoras ahora ya hacen entrenamiento técnico que ya incluyen situaciones reales de juego, donde la jugadora entiende que ese ejercicio técnico lo debe llevar en movimiento, a una mayor intensidad y son ejercicios con situaciones reales de juego, como paredes, desmarques, apoyos, pelotas largas, fildeos, ésa ha sido una evolución marcada”, señala Jorge Gómez.

El informe técnico de la FIFA sobre el Mundial Femenil de Canadá 2015 indica que los equipos que progresaron a las rondas eliminatorias cubrieron un promedio de 3.6 % más de distancia total en las fases finales que en los partidos de grupo; esto quiere decir que las mejores selecciones aumentaron su capacidad de aceleración de 21.7 por ciento.

“Ello sugiere que la intensidad de los partidos y las exigencias físicas aumentan a medida que progresa el torneo, lo cual acarrea consecuencias respecto al entrenamiento y la preparación de las jugadoras”, señala el documento.

Jorge Gómez señala que para el Mundial femenil de Francia 2019 hay equipos con buen nivel físico, competitivos y tienen una base de trabajo físico, “que era algo muy marcado en mundiales anteriores, donde eso hacía que ciertos rivales sacaran demasiada ventaja”.

Lo que no ha cambiado es que las mejores jugadoras son las que entrenan en los mejores equipos, continuamente, y su rendimiento no sólo ayuda a ganar títulos o trofeos, sino que marca una distancia con el resto.

Las jugadoras del equipo All-Star de la FIFA y las ganadoras de galardones oficiales registraron, en su mayor parte, desempeños físicos más elevados que sus homólogas no designadas, y superaron los promedios posicionales de todas las demás participantes, “lo cual indica que gozan de una preparación física y un nivel de condición física superior a las otras jugadoras”, señala el informe.