A Dinora Garza, delantera de Pumas Femenil, le gustan las películas basadas en la vida real y de preferencia “las de deportes, las que te dejan una enseñanza”. Tiene 32 años, una carrera universitaria, un título como directora técnica y un campeonato de Liga MX Femenil, hechos que son congruentes con sus pensamientos y filosofía de vida.

“Procura que tus palabras siempre estén respaldadas con tu ejemplo”. Es una de las frases que ha escrito en su perfil de Facebook, acompañadas de otras como: “Cuando muchos ven problemas, otros ven áreas de oportunidad” o una foto en la cancha junto a sus compañeras con la leyenda “Por una sociedad igualitaria, abierta e incluyente”.

En sus primeros 10 posts se pueden conocer las líneas que guían su vida, pero para conocer su legado hay que adentrarse más en las estadísticas de la Liga MX Femenil y de la selección nacional: 25 goles y 36 asistencias con Rayadas, un título y tres subcampeonatos, un Mundial sub 20 (Chile 2008) y un Mundial mayor (Alemania 2011).

Dinora Lizeth Garza Rodríguez dejó Monterrey en este 2021, donde jugó desde el inicio de la Liga MX Femenil en 2017, para llegar a Pumas y encajar de inmediato, marcando un gol en su debut.

Después de 15 fechas, Pumas Femenil es quinto lugar general (solo estuvo fuera del Top 5 en la jornada 1 y fueron líderes por cuatro jornadas), además de sumar su segunda cantidad más alta de puntos en la historia de la liga (28, hizo 30 en el Apertura 2018) y ser (hasta la fecha 14), el tercer equipo con mejor precisión de pases (79%).

En este rendimiento ha sido clave la entrenadora Ileana Dávila, quien el pasado 3 de abril se convirtió en la que más partidos ha dirigido en la Liga MX Femenil con 123, uno más que Eva Espejo, y que gestionó la llegada de Dinora a Pumas.

“Cuando se acabó (el 2020), recibí una llamada de Ileana, me platicó que estaban interesados en mí y me gustó el desafío. (Me ofreció) Un rol protagonista, sin embargo, siempre he pensado que por más que tengas cierto cartel, todos somos iguales al momento de llegar a un equipo.

 

Me convenció la idea de tener a una entrenadora, se me hizo muy bueno de parte de la institución saber que apuestan por las mujeres, he tenido pocas entrenadoras y siempre que he trabajado con ellas me ha ido muy bien, siento cierta conexión cuando está una mujer al frente porque creo que te entiende muchísimo mejor; me siento muy contenta, no tomé una decisión equivocada”, cuenta Dinora a El Economista.

En cuatro meses con Pumas, ha jugado todos los partidos, suma 1,025 minutos, tres goles y toda su experiencia, al ser la segunda jugadora más veterana del plantel junto a la defensa Dirce Delgado, de 34 años, aunque a diferencia de ella, Dinora ha jugado cuatro finales.

“No creo que Dinora haya venido a cambiar a Pumas, al contrario, vinimos a sumarnos a un proyecto ganador que había apostado por eso desde el principio. A pesar de que estamos en zona de liguilla, queremos más”, explica la delantera.

Pero el presente de Dinora tiene sus orígenes en las calles de una de las ciudades más peligrosas de México en la actualidad y en las aulas de una facultad universitaria, donde descubrió que el futbol también puede ser una oportunidad de una mejor calidad de vida para las mujeres.

Comienzos: futbol con piedras, pero con pasión

Los primeros recuerdos de Dino, como le gusta ser llamada, siempre tienen una pelota en sus pies: “Es algo que surge desde que tengo uso de razón, apenas empecé a caminar y ya tenía un balón”. Saliendo de la escuela, cuenta, dejaba su mochila, colocaba dos piedras frente a la puerta de su casa y buscaba la reta con otros niños.

Nació en Reynosa, Tamaulipas, la ciudad con más alta percepción de inseguridad en México por parte de sus ciudadanos (96%, Inegi, 2019) y que constantemente es asediada por la violencia. Sin embargo, ella recuerda su infancia muy diferente.

“Era una vida demasiado tranquila, nos metíamos a las 12 de la noche porque nos hablaba mi mamá, pero la gente es muy trabajadora, se levanta todos los días temprano para llevar el sustento a casa, crecí viendo a ese tipo de gente. El peligro no nada más está en Reynosa, conocí un poco de peligro también en Monterrey, ya no encuentras a los niños en la calle como antes”.

Ya como adulta y profesional, no olvida su pasión por su lugar de origen y admite disfrutar mucho sus pocos tiempos libres con la familia, ya sea en una cafetería que frecuentan por las tardes desde hace más de 40 años o preparando una carne asada en casa.

“Cada vez que puedo ayudar, lo hago. Organizamos entrenamientos con niñas de Reynosa, en diciembre hicimos una posada y les dimos juguetes a los niños, ayudamos a dar alguna sonrisa a gente que lo necesita”, explica la delantera, que formó una dupla de más de 90 goles con Desiree Monsiváis en tres años con Rayadas.

¿Qué tanto la cultura mexicana es un obstáculo para las niñas que quieren ser futbolistas profesionales?

“A veces es difícil en las zonas en las que vives, hay zonas donde sigue habiendo muchísima ignorancia, machismo y lo notamos en las redes sociales. Cuando empecemos a cambiar nuestra mentalidad, que nos apoyemos más unos a otros, vamos a crecer no nada más como futbolistas, sino como sociedad. Todavía hay gente muy cerrada en ese aspecto y se respeta, pero no se apoya. Seguimos en la lucha, sabemos que hay muchísima gente que está a favor y para nosotras es motivante”.

Los estudios y el futuro, preparación constante

Garza llegó a Monterrey gracias a una beca para estudiar una carrera en la Universidad Autónoma de Nuevo León, donde se tituló como Licenciada en Ciencias del Ejercicio en la Facultad de Organización Deportiva, al mismo tiempo que seguía jugando futbol.

“Yo no entendía que solo por jugar futbol te pudieran dar eso, crecí en un lugar donde a mis padres lo poquito o mucho que me habían dado les había costado a ellos, entonces cuando me ofrecieron la beca dije claro, porque sería una manera de ayudar a mi casa y seguir mis sueños. En Reynosa lo veía como hobby, pero aprendí que el futbol es una responsabilidad y disciplina”.

Antes de que surgiera la Liga MX Femenil, Dino ya había competido en dos mundiales y había sido medallista en Juegos Panamericanos, por lo que recibió una propuesta para jugar, en 2013, en Chicago Red Stars, de la liga femenil de Estados Unidos. Aceptó, pero tuvo que renunciar a su maestría en psicología, que también estudiaba en la UANL.

Con tu experiencia, ¿qué diferencias notas entre las ligas de futbol femenil en México y Estados Unidos?

“En México vamos muy avanzadas. Sabemos que para llegar al nivel de EU nos falta, tienen un programa de mucho tiempo y allá las niñas son las que más juegan ese deporte. Con la Liga MX Femenil transmitiéndose en televisión, hay futuro, va a abrir la mente de las familias. En organización, estamos muchísimo mejor que EU porque allá ha habido varios fracasos y aquí vemos a la liga como algo que se va a quedar de por vida. Nos falta profesionalización, desarrollo de niñas y tomar el deporte como algo más competitivo que recreativo, pero eso se va a dar con el paso de los años”.

Con 32 años y “muchos más por jugar, porque aún tengo muchas ganas y fuerzas”, Dinora también ya posee el título de directora técnica desde 2019, gracias al apoyo que le dio Rayadas para estudiar.

Sus planes después del retiro siguen vinculados al futbol: “Dicen que no es bueno hacer planes, pero en mi cabeza rondan muchas ideas y todas son estar cerca del futbol: en información, representación, entrenamiento o como directiva, me veo en todas esas facetas”.

Dinora es la número 10 que le dio el balón a Mónica Ocampo en 2011 para marcar el gol más bonito en la historia de los mundiales femeniles, un premio que le otorgó la FIFA en 2019.

Pero a pesar de lo que ha logrado, su voz se conduce entre humildad, alegría y experiencia, sin olvidar sus raíces. Es por eso que decidió tatuarse “una tacita de café”, en alusión a esas tardes de convivencia con su familia en su natal Reynosa.

fredi.figueroa@eleconomista.mx