La urgencia, el drama y la angustia… La necesidad de las matemáticas es, para una gran cantidad de futbolistas, un estilo de vida. No es sencillo. Al menos este año, 90 futbolistas -tres plantillas de Primera División- han debido pensar en lo dramático que es descender y mirar su peor escenario en el futuro. Pero hay otros casos, como el de Jorge Damián Zamogilny (Buenos Aires, Argentina, 1980), para quien todo lo anterior es una rutina.

Acostumbrarse a vivir del drama ha sido habitual para él y lo charla con naturalidad. Puebla, Estudiantes y Atlas, seis años viviendo en la condición de pelar un punto para salvar la categoría. Le resulta tan natural como salir de compras con la familia. Cotidianidad que pesa si los pensamientos no tienen fortaleza.

Hoy vive tranquilo. Hace una semana su equipo, Atlas, consiguió su permanencia por lo menos hasta el Clausura 2013.

Para vivir con frases como: Pongan huevos o Atlas no se puede ir , cada vez que se decide a salir de casa se necesita, como él lo admite, asimilarlas y ser sereno .

El Ruso, como le apodan al futbolista argentino, se ha vuelto, sin quererlo, un experto para hablar de peleas por no descender. Admite que el futbolista madura con estas experiencias y que, de a poco, ha comprendido el impacto social que tiene portar la playera de un club.

Puebla, Tecos, Atlas, te has convertido en un especialista en vivir en la lucha por no descender, ¿qué te encontraste en cada uno?

Tanto Atlas como Tecos son dos filosofías diferentes pero con un mismo objetivo: la salvación. Cuando estaba en Estudiantes era un proyecto que apostó por la experiencia de futbolistas con más de 30 años. En Atlas, apenas había más de cinco de este tipo.

Cada club con sus circunstancias distintas; al final, la batalla la ganó Atlas, que seguirá en Primera. Dos proyectos con métodos distintos y con filosofías, mirando a diferentes sitios.

¿Cómo es eso de vivir del descenso, como estilo de vida y hasta económico?

Es una situación difícil de asimilar pero te acostumbras a pelear descensos. Estuve en Puebla, Estudiantes, ahora, Atlas. Y siempre hemos podido salvarlo. Al principio era algo que pegaba mucho pero, conforme pasan los años, tienes que tener mucha estabilidad emocional cuando las cosas no van bien, cuando la gente presiona en la semana. Es una huella psicológica muy difícil de tolerar.

Las circunstancias de pelear por no descender, no devaluar tu carta o pensar en tu futuro te hacen ser mucho más profesional para ver por el bien y futuro de tu familia.

¿Cómo ha sido la relación que ha mantenido con los aficionados de Atlas, que tienen como característica ser de los más pasionales?

La gente presiona siempre. Igual ellos no lo ven pero el sólo hecho de que la gente te grite algo cuando vas con tu familia o, simplemente, te digan que se debe quedar en Primera por lo que significa para ellos, su familia, o te cuenten la historia personal de cada uno, vas sintiendo más responsabilidades.

Y uno empieza a tomar conciencia de que no sólo es importante para uno en su carrera, sino para la gente que vive pasionalmente. Se llena uno de responsabilidades. Hay que saber asimilarlas y estar sereno.

¿Cuál es el perfil ideal de un futbolista para pelear el no descenso?

Debe tener una personalidad fuerte, que pueda soportar la presión, que no sea sólo técnicamente bueno, obediente tácticamente. Debe rendir bajo condiciones de presión, no es lo mismo jugar en la punta, que jugar un partido definitivo por el tema porcentual.

¿El futbolista entiende la historia de los clubes?

No sé si todos lo entendemos de la misma manera. A medida de que uno va cambiando de institución se da cuenta de la responsabilidad de defender esos colores. En algunos aficionados es parte fundamental de su vida. El futbolista debería identificarse bastante más con los colores de los clubes, averiguar su historia, saber qué pasa en la cabeza del hincha.

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