De la profunda miseria a ser el futbolista mejor pago de la historia, el argentino Carlos Tevez se abrió camino hacia la cima económica del planeta futbol desde su amado Boca Juniors al Shanghai Greenland Shenhua de China, con un salario de 40 millones de dólares por temporada.

La memoria del astro vuelve siempre a la mañana de febrero de 1989, cuando Norberto Propato, entrenador del infantil del club All Boys de Buenos Aires, tocó la puerta de la casa del albañil Segundo Tevez y le propuso por enésima vez llevarse a su hijo adoptivo Carlos a practicar al club, luego de ver su habilidad pateando una piedra.

Segundo, con algo de vergüenza ante tantas negativas que había dado, le dijo por fin la verdad al entrenador: No te lo puedo dejar, porque no tiene zapatillas para jugar .

En la infancia de Carlos Tevez, que transcurrió en el peligroso barrio de los suburbios de Buenos Aires apodado Fuerte Apache , las anécdotas sobre su pobreza se amontonan.

El miércoles, 27 años después de fichar por su primer club a cambio de unas zapatillas, el Apache firmó un vínculo millonario y superó a Lionel Messi y a Cristiano Ronaldo en la lista de los mejores pagos.

Este Tevez estelar que militó en el Corinthians brasileño, en los clubes ingleses del West Ham, Manchester United y Manchester City, y en el Juventus de Turín, vive con las cicatrices de su pasado encima. En su cuello todavía se observan las marcas de una quemadura con agua hirviendo que se tiró encima a los pocos meses de vida y que lo tuvo internado en un hospital durante dos meses.

Carlos Bianchi, el técnico con el que Tevez alcanzó la fama y logró la Copa Libertadores y la Copa Intercontinental, define mejor que nadie al delantero: Siempre tuvo hambre y orgullo. Alcanzaba con verlo correr en la cancha para entender que él tenía un orgullo impresionante, diferente a todos. Eso lo hizo una gran estrella .

Mientras los hinchas se agolpan cuestionando el haberse enterado del pase de Tevez a China por medio de los clubes y no por Carlitos, el ‘10’ descansa en México junto a su familia. En Cancún, el Apache pasa sus días junto a su esposa, sus hijas, su madre y sus hermanos, pero siempre abrazado a su papá Segundo, el que lo llevó de la mano desde Fuerte Apache hasta los millones de China.