Lorenzo García recuerda cada detalle de aquel martes 9 de enero de 1962. Le miran las canas y luego le preguntan si puede describir los dos goles que fabricó para que Pumas consiguiera el ascenso a la Primera División con un marcador final de 5-1 frente a Cataluña, lentamente mueve la cabeza en señal de negación y luego de una mueca aclara, con los años podría olvidarlo todo… menos aquel partido y esos dos goles .

Lorenzo ha perdido la capacidad auditiva del oído izquierdo, pero en su mente retumban los aplausos de aquel día me llegó la pelota a la mitad de la cancha, luego sólo reafirmaba que el balón siguiera pegado a mi pie hasta que se adentró en las redes, nunca tantas personas me habían aplaudido .

Esa noche el delantero se preparó desde el vestuario, sobre el césped lo dejaría de lado casi todo, sólo una frase de Jesús Buendía, el auxiliar técnico, era la que rondaría su mente te trajimos para hacer goles Lorenzo y nada , palabras que le dijo a sus 21 años cuando llegó al club y llevaba tres partidos sin anotar.

El aliciente le sirvió de mucho, Cataluña pagó por aquella frase hecha por Buendía. Fabricó no uno, sino dos goles para cerrar esa temporada con 21 tantos en 29 partidos. Nací para jugar futbol , confirma Lorenzo, al acotar que estudió Contaduría pero jamás la ejerció.

La decisión de ser futbolista también le guarda uno de sus recuerdos más amargos que se ha negado a desalojar su memoria a los 17 (años) le dije a mi padre que quería jugar futbol, al instante me dijo que no , discretamente con sus dedos seca sus ojos y añade pero cada partido a lo lejos lo veía de reojo, sentado en el túnel 36 del Olímpico Universitario. Cuando llegaba a casa los dos hacíamos como si nunca hubiera estado ahí .

Esta es la historia de Lorenzo, parte de un equipo conformado por contadores, licenciados, ingenieros y arquitectos, quienes jugaron aquel martes de enero como si su único propósito en la vida fuera el futbol y consiguieron que Pumas llegara al máximo circuito… de eso hace 50 años y se niegan a olvidarlo.