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Bistronomie

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Agua alcalina ¿Realmente hidrata mejor y desintoxica? Esto dice la ciencia

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Se vende como una bebida capaz de neutralizar la acidez, hidratar mejor y desintoxicar el organismo; sin embargo, la evidencia científica señala que pulmones, riñones y estómago realizan ese trabajo de manera natural.

Diego López

En los refrigeradores de supermercados, gimnasios y restaurantes, el agua alcalina ha encontrado un lugar privilegiado. Las etiquetas prometen equilibrio, mayor hidratación, desintoxicación y hasta protección frente a enfermedades. El argumento parece sencillo: si el organismo produce ácidos, beber un líquido con un pH elevado debería neutralizarlos. La fisiología humana, sin embargo, es mucho más compleja que la química de una botella.

La Escuela de Medicina de la Universidad de Harvard señala que una persona sana no necesita consumir aguas especiales ni suplementos para regular su pH. El cuerpo cuenta con mecanismos propios para mantener la sangre dentro de un margen extremadamente estrecho, de aproximadamente 7.35 a 7.45. Cuando ese equilibrio se altera de manera importante no se obtiene mayor bienestar: se presenta una condición médica que puede ser grave.

El cuerpo ya sabe equilibrarse

La regulación del pH ocurre principalmente mediante los pulmones y los riñones. Los primeros eliminan dióxido de carbono a través de la respiración, mientras que los segundos excretan ácidos y recuperan bicarbonato de acuerdo con las necesidades del organismo. A estos procesos se suman los sistemas amortiguadores presentes en la sangre, que actúan continuamente para conservar el equilibrio ácido-base.

Por ello, tomar agua con un pH de 8 o 9 no vuelve alcalina la sangre. Harvard explica que los líquidos llegan primero al estómago, donde se encuentran con jugos gástricos cuyo pH suele ubicarse entre 1.5 y 3.5. Esa acidez es indispensable para digerir los alimentos, activar enzimas y actuar como barrera frente a distintos microorganismos. Después, el intestino y el páncreas vuelven a modificar el contenido antes de que el agua sea absorbida.

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El agua alcalina tiene un pH menos ácido que el agua potable normal. Foto: Shutterstock

En otras palabras, el valor que aparece impreso en la botella no permanece intacto durante todo el proceso digestivo. El estómago puede reducir temporalmente la alcalinidad de la bebida y, más adelante, el organismo ajusta nuevamente el medio interno. El agua participa en la hidratación, pero no toma el control del pH sanguíneo.

Puede cambiar la orina, no todo el organismo

El consumo de agua alcalina puede modificar temporalmente el pH de la orina, pero eso no significa que la sangre o los órganos se hayan vuelto “más alcalinos”. En realidad, la variación urinaria refleja que los riñones están eliminando sustancias para mantener estable el equilibrio interno.

Esta diferencia es importante porque buena parte de la publicidad utiliza cambios en la orina como una supuesta prueba de que el cuerpo completo fue alcalinizado. Sin embargo, la orina es precisamente una de las vías mediante las cuales el organismo expulsa los compuestos que no necesita. Su pH puede variar por la dieta, los medicamentos, el estado de hidratación y distintos procesos metabólicos sin que exista una modificación equivalente en la sangre.

¿Hidrata mejor que el agua común?

Otra promesa frecuente es que el agua alcalina penetra con mayor facilidad en las células o hidrata más rápido. Existen investigaciones pequeñas que han identificado cambios en algunos indicadores de hidratación o rendimiento deportivo, pero sus resultados no son suficientes para establecer una ventaja general para toda la población.

Una revisión sistemática registrada en PubMed, la base de literatura biomédica de la Biblioteca Nacional de Medicina de Estados Unidos, analizó los posibles efectos de las aguas alcalinas, oxigenadas y desmineralizadas frente al agua mineral. El trabajo encontró que la evidencia disponible es limitada y heterogénea, por lo que no permite sostener la mayoría de las afirmaciones comerciales dirigidas a personas sanas.

La Clínica Mayo también sostiene que, para la mayoría de las personas, el agua alcalina no es mejor que el agua corriente. La institución reconoce que se requieren más estudios para comprobar afirmaciones relacionadas con la prevención de enfermedades, la salud ósea o el reflujo. Su conclusión es directa: mantenerse bien hidratado importa más que elegir una bebida por el número de pH mostrado en la etiqueta.

Ni detox ni tratamiento contra enfermedades

El término "desintoxicante" es uno de los más utilizados alrededor de este producto, aunque no corresponde con la forma en que funciona el organismo. La eliminación de residuos metabólicos depende principalmente del hígado, los riñones, los pulmones y el sistema digestivo. Ningún tipo de agua sustituye el trabajo de esos órganos ni compensa por sí solo una alimentación desequilibrada.

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Alcalinizar el aguaFreepik

Tampoco existe evidencia suficiente para afirmar que el agua alcalina previene o cura el cáncer. El Instituto Nacional del Cáncer de Estados Unidos señala que no hay pruebas de que una dieta alcalina pueda frenar, curar o evitar la recurrencia de esta enfermedad. Aunque su explicación se refiere al conjunto de la dieta, el principio es el mismo: consumir productos alcalinos no permite modificar de manera controlada el pH de la sangre ni del tejido tumoral.

La idea de “matar” células cancerosas mediante la alcalinización simplifica un proceso biológico complejo y puede volverse peligrosa cuando lleva a sustituir tratamientos médicos. 

El agua alcalina puede ser una bebida, pero no una terapia.

Para la mayoría de los adultos sanos, consumirla ocasionalmente probablemente no representa un riesgo importante. Algunas presentaciones incluso contienen calcio o magnesio, minerales que influyen en su sabor y en su nivel de alcalinidad.

El cuidado aumenta cuando se bebe agua con un pH demasiado elevado o en grandes cantidades durante periodos prolongados. La Clínica Mayo advierte que las bebidas con un pH superior a 9.8 pueden asociarse con concentraciones elevadas de potasio en la sangre, un riesgo especialmente relevante para personas con enfermedad renal. También deben tener precaución quienes utilizan medicamentos que afectan el equilibrio de minerales y electrolitos.

El problema no está necesariamente en elegir una botella alcalina por su sabor o preferencia personal, sino en atribuirle propiedades terapéuticas que no han sido demostradas o utilizarla para sustituir atención médica.

El agua alcalina puede formar parte de la alimentación como cualquier otra bebida potable sin azúcar. Puede gustar por su sabor mineral, su presentación o la experiencia asociada a su consumo. Lo que no puede hacer es reprogramar los mecanismos con los que el cuerpo regula su pH.

La verdadera ventaja está en beber suficiente agua, no en buscar el número más alto en una etiqueta. El organismo ya cuenta con pulmones, riñones, sangre y sistemas digestivos capaces de realizar ese equilibrio durante las 24 horas. La hidratación es una necesidad; la alcalinización, para una persona sana, es principalmente una promesa de mercado.

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