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Arte e Ideas

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"Machetes": la ternura ausente que enmienda la memoria

La obra escrita por Mauricio Popoca y dirigida por Sergio Figueroa y Daniela Vasch se presenta en breve temporada en el Teatro Benito Juárez como un retrato íntimo y descarnado de la amistad entre varones. Desde la vejez de dos amigos que revisitan su pasado, el montaje expone las heridas del machismo y la carencia de afecto en la cultura varonil mexicana.

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J. Francisco De Anda Corral

Dos hombres sobre un escenario reconstruyen su vida como quien intenta enmendar una herida antigua. No hay grandes artificios ni escenografía ostentosa: solo dos cuerpos en movimiento, la memoria y el peso silencioso de lo no dicho, bajo un diseño de iluminación concebido por Daniela Vasch, quien también codirige la obra junto con Sergio Figueroa.

Machetes, escrita por Mauricio Popoca, propone una mirada incómoda y necesaria sobre la amistad masculina, esa que, en sus palabras, ha sido históricamente desprovista de ternura.

La obra parte de una premisa sencilla y profundamente humana: Moy y Sinta (interpretados por Sergio Figueroa y Joshua Gallegos), dos amigos que se conocen desde la infancia en un pueblo, llegan a la vejez y se ven obligados a recordar. La remembranza no es un ejercicio nostálgico, sino una confrontación con lo que fueron y con lo que el entorno les permitió ser.

En charla con El Econonomista, el propio dramaturgo sintetiza el núcleo de su propuesta con una frase que atraviesa toda la puesta en escena: “Machetes es una historia que habla sobre la amistad”. Pero esa amistad no se narra desde la idealización, sino desde la fractura. “Es básicamente un retrato de la amistad entre varones", donde a menudo la ternura está prácticamente cancelada, incluso estigmatizada, explica, y añade que la pieza pone el foco en “la crianza de los varones, en el machismo, en cómo afecta este sistema patriarcal a los hombres específicamente”.

En ese retrato, la ternura aparece como una ausencia persistente. Popoca lo formula de manera contundente: “La suavidad se ve como un crimen”. En su visión, ese modelo de masculinidad no sólo limita las emociones, sino que las sanciona. “Es algo muy castigado, y señalado, y se vuelve objeto de burla”, describe, al referirse a la manera en que la empatía entre hombres ha sido históricamente reprimida.

Un modelo de masculinidad vigente en las periferias

La génesis del texto proviene de una conversación tripartita. Popoca, junto con el director Sergio Figueroa y el actor Joshua Gallegos, todos originarios de Aguascalientes, decidieron explorar su propia experiencia como varones en un estado profundamente conservador. De esa lluvia de memorias emergió una escritura que no pretende juzgar, sino observar con lucidez el peso de una cultura que sigue reproduciendo sus códigos.

“Entre los tres empezamos a platicar de nuestra vida”, cuenta el dramaturgo, “qué anécdotas nos marcaron, qué cosas nos hubiera gustado cambiar en nuestra infancia”. Esa introspección se traduce en una obra que, según él mismo, busca englobar “la experiencia de ser un varón en la sociedad mexicana”.

El montaje, en temporada breve, con solo cuatro funciones, del 30 de julio al 2 de agosto, apuesta por el teatro físico como lenguaje central. Dos actores en escena, sin interrupción durante 78 minutos, sostienen una narración que se construye desde el cuerpo. Sergio Figueroa y Joshua Gallegos transforman el espacio con su presencia, creando atmósferas que no dependen de la escenografía, sino de la precisión y el esfuerzo físico.

“Es una obra muy generosa”, afirma Popoca, al subrayar su intención de llegar a públicos diversos. “Queremos que el mensaje llegue a todas las personas sin excepción”, dice, confiando en que la sencillez del lenguaje escénico permita esa conexión.

La obra también se inscribe en una reflexión más amplia sobre los contextos sociales. Popoca reconoce que en el país persisten diferencias marcadas entre regiones, donde el acceso a discursos de apertura no siempre es homogéneo. “En el interior de la República puede haber todavía mucha renuencia a abrir el panorama”, señala, y advierte que ese rezago no es exclusivo de los estados, sino que también se reproduce en las periferias urbanas.

En ese sentido, Machetes no sólo retrata una experiencia individual, sino un sistema de relaciones que se extiende y se reproduce. El dramaturgo lo resume con otra idea clave: “Al final del día creo que permitir que el sistema en el que creciste… se tambalee es algo complicado”. Esa dificultad, sin embargo, es justamente el punto de partida de la obra.

El resultado es un montaje que, sin estridencias, pone sobre la mesa una pregunta esencial: qué ocurre cuando a los hombres se les niega la posibilidad de la ternura. La respuesta, sugiere la pieza, se encuentra en el propio cuerpo de los personajes, en sus recuerdos y en las grietas que el tiempo no logra cerrar.

En Machetes, la memoria no es un refugio, sino un campo de batalla. Y en ese tránsito entre el pasado y el presente, entre la dureza aprendida y la fragilidad posible, el teatro abre un espacio donde, finalmente, la ternura deja de ser un crimen para convertirse en una necesidad.

Machetes

  • Dramaturgia: Mauricio Popoca
  • Dirección: Sergio Figueroa y Daniela Vasch
  • Producción: Mar Ayesha Alaniz
  • Reparto: Sergio Figueroa y Joshua Guerrero
  • Teatro Benito Juárez ( Manuel Villalongín 15, Renacimiento, CDMX)
  • Del 30 de julio al 2 de agosto
  • Funciones: jueves y viernes, 20 h; sábado 19h y domingo 18h

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J. Francisco De Anda Corral

Es editor de la sección Arte, Ideas y Gente en El Economista. Licenciado en Ciencias de la Comunicación y maestro en Filosofía Social, por el ITESO. Especialista en periodismo de arte, arqueología, antropología, educación, patrimonio cultural, religiones y responsabilidad social. Colaboró anteriormente en Público-Milenio Jalisco; Radio Universidad de Guadalajara; Noroeste, de Culiacán; y Radio Metrópoli, en Guadalajara.

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