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Arte e Ideas

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El calentamiento global nos quita el sueño

Un nuevo estudio de Climate Central cuantifica por primera vez las horas de descanso pérdidas por las noches calurosas: las personas en ciudades como Barranquilla y Cancún o Acapulco pierden más de 90 horas de descanso al año.

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Foto: Shutterstock

Nelly Toche

Un análisis global de Climate Central revela que el cambio climático ha duplicado la pérdida de sueño asociada a las altas temperaturas desde los años 70. En América Latina, actualmente las personas que viven en ciudades como Barranquilla y Acapulco pierden hasta 93 horas de descanso al año.

La organización científica Climate Central publicó un innovador análisis que cuantifica, por primera vez a escala global, el impacto directo del cambio climático en el descanso nocturno. El estudio concluye que, entre 2020 y 2025, una persona promedio perdió casi 56 horas de sueño al año debido a las altas temperaturas durante la noche. De ese total, más de seis horas anuales —poco más del 10%— son atribuibles de forma directa al calentamiento global provocado por las emisiones de gases de efecto invernadero y la deforestación.

Para llegar a estas cifras, los investigadores combinaron evidencia científica sobre la relación entre temperatura y descanso con herramientas avanzadas de atribución climática, lo que permitió comparar los datos reales con escenarios contrafactuales que simulan un mundo sin contaminación por carbono.

Uno de los hallazgos más alarmantes es la tendencia histórica: la contribución del cambio climático a la pérdida de sueño al menos se ha duplicado desde principios de la década de 1970 en 1,335 de las 1,338 ciudades analizadas, y se ha triplicado en 840 de ellas. Este fenómeno evidencia cómo el calentamiento global está deteriorando un aspecto cotidiano e indispensable para la salud que hasta ahora había recibido poca atención.

Impacto en América Latina

Aunque las pérdidas de sueño más severas a nivel global se registran en Oriente Medio —donde algunas ciudades de Arabia Saudita, Omán y los Emiratos Árabes Unidos pierden entre 55 y 87 horas de sueño per cápita al año—, el impacto en América Latina es especialmente grave en zonas tropicales y costeras.

En Barranquilla (Colombia) y Acapulco (México), la población perdió en promedio unas 93 horas de descanso anuales entre 2020 y 2025 debido al calor nocturno, correspondiendo seis de estas horas directamente al cambio climático. Cifras similares registran Cartagena y Cancún (91 horas perdidas) y Belém, Brasil (84 horas perdidas), esta última sede de la COP30.

El impacto se extiende por diversos contextos geográficos del continente: Caracas (Venezuela), 67 horas anuales perdidas (7 vinculadas al cambio climático); Cali (Colombia), 61 horas anuales perdidas (7 asociadas al calentamiento global); Brasilia (Brasil), 52 horas anuales perdidas (7 atribuibles al cambio climático) y Buenos Aires (Argentina), incluso en un clima más templado, los habitantes perdieron en promedio 44 horas de sueño al año, de las cuales 4 corresponden al impacto climático.

Una amenaza silenciosa para la salud pública

Las temperaturas nocturnas elevadas impiden que el cuerpo humano reduzca su temperatura interna, un proceso biológico indispensable para lograr un descanso reparador. Dormir mal o de manera insuficiente no es solo un problema de fatiga; la falta crónica de sueño incrementa el riesgo de accidentes, hipertensión, enfermedades cardiovasculares, diabetes, deterioro cognitivo y trastornos de salud mental.

"Dormir es esencial tanto para nuestra salud física como mental, pero a menudo es una de las primeras cosas que se ven afectadas durante los períodos de calor extremo, especialmente cuando las temperaturas se mantienen altas durante la noche", explica la investigadora Rita Issa, del Tyndall Center. "A medida que el cambio climático provoca noches calurosas más frecuentes e intensas, las alteraciones del sueño deben reconocerse como una preocupación creciente para la salud pública".

Desigualdad social frente al calor

El informe advierte que la pérdida de descanso no afecta a todos por igual. Los adultos mayores de 65 años, las mujeres, los niños, las embarazadas y las personas de menores ingresos son los sectores más vulnerables. En el ámbito urbano, el efecto de "isla de calor" intensifica las temperaturas nocturnas en comparación con las zonas rurales circundantes.

A esto se suma la brecha socioeconómica en el acceso a métodos de refrigeración. A nivel mundial, la tenencia de aire acondicionado se sitúa en torno al 35% de los hogares, estando altamente concentrada en países o sectores de altos ingresos. En consecuencia, los investigadores señalan que para las poblaciones con menos recursos, las pérdidas de sueño reales podrían ser sustancialmente mayores que las estimadas por el estudio.

Por su parte, la doctora Courtney Howard, presidenta de la Alianza de Clima y Salud, destaca la urgencia de actuar: "Estos resultados refuerzan la necesidad de adoptar medidas de adaptación que aborden las desigualdades, así como de reducir urgentemente las emisiones de gases de efecto invernadero para proteger la salud y la prosperidad".

Para profundizar en el impacto local de este fenómeno, Climate Central puso a disposición del público una base de datos descargable con los resultados de las 1,338 ciudades analizadas, junto con mapas interactivos y recursos gráficos.

Informe completo: https://www.climatecentral.org/

nelly.toche@eleconomista.mx

Nelly Toche

Periodista de ciencia en la sección Arte, Ideas y Gente de El Economista. Cuenta con maestría en periodismo sobre Políticas Públicas por el CIDE y es licenciada en Ciencias de la Comunicación por la UVM.

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