La edición 61 de los Premios Ariel fue dominada por dos cintas, Roma, que se llevó 10 estatuillas, incluyendo el Ariel de Oro a la Mejor Película, los premios a Mejor director, Mejor fotografía, Mejor coactuación femenina y Mejor diseño de arte; y la segunda, Las niñas bien, de Alejandra Márquez Abella, que se levantó con cuatro estatuillas, entre ellas la de Mejor actriz para Ilse Salas, mientras que el galardón para Mejor actor fue para Noé Hernández, por Ocho de cada diez. Fue, más que nada, una noche para encumbrar diversos discursos en favor del cine, en contra de los recortes presupuestales a la cultura. Hubo un llamado al gobierno en voz de creadores como Arturo Ripstein, quien entregó el premio a Mejor dirección, pero antes, dijo que “el mecenazgo de Estado no es una dádiva generosa, no es una limosna con aquellos recursos que nosotros, los que hacemos cine, literatura, teatro o pintura, los que hacemos o intentamos hacer poesía, debemos sumisamente aceptar y agradecer esa dádiva; es un deber del Estado, así tiene que entenderlo la sociedad, el gobierno (...). El cine no es un lujo que se puede desechar (...). No hay crecimiento sin cultura, no hay desarrollo sin cultura, no hay democracia sin cultura. La cultura, en su sentido más estricto y riguroso, es la única opción que tenemos para enfrentar a la barbarie”. También se generó una oportunidad para levantar la voz femenina a favor de la equidad de género en la industria cinematográfica, con el lanzamiento de la iniciativa #YaEsHora, un esfuerzo de un colectivo de mujeres mexicanas dedicadas al cine que lograron unificar sus demandas en esta entrega de premios, todas, con un pañuelo rojo atado a la muñeca. Se extendió la pugna por generar una comunidad, una industria del séptimo arte, creada exclusivamente por mujeres, para tener historias con perspectiva de género y espacios libres de violencia. Ahí mismo se hizo un llamado a festivales y escuelas de cine a comenzar con protocolos de prevención del acoso laboral.

Varias ganadoras se unieron al llamado, entre ellas, la actriz Marina de Tavira, quien al recibir el premio a Mejor coactuación femenina, por su papel en Roma, dijo: “creemos espacios en los que nuestros hijos no se sientan obligados a asumir conductas de violencia o de imposición de poder para afirmar su masculinidad, porque ya es hora”. Otros de los momentos destacados de la noche fue la entrega del Ariel de Oro para el sonidista argentino Nerio Barberis y la guionista Paz Alicia Garciadiego. El otro premiado fue el actor Héctor Bonilla, quien recibió la estatuilla de manos de María Rojo. La cinta colombiana Pájaros de veranos, de Cristina Gallego y Ciro Guerra, recibió el Ariel a Mejor película iberoamericana. Por su parte, Lila Avilés recibió el premio a Ópera prima, por “La camarista”. El impactante y sonado documental “Hasta los dientes”, de Alberto Arnaut, se llevó el premio a Mejor largometraje documental.

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