Buscar
Arte e Ideas

Lectura 3:00 min

Todo fuera como eso: El femenino tormento

Las editoras, Guadalupe Ramírez, Concepción García y Ontiveros y Josefa Castillo, aconsejaban escribir a las mujeres, porque "ya no es mal visto que la mujer escriba y exprese sus sentimientos por medio de la pluma"

Bien sé que las mujeres aman por lo regular a quienes lo merecen menos, decía Jacinto Benavente. Y remataba afirmando: Es que las mujeres prefieren hacer limosnas que dar premios.

El bueno de Jacinto –español, hijo menor de un pediatra madrileño- nació a mediados del siglo XIX, se dedicó a escribir obras de teatro, sufrió de pánico moral y desprecio literario por el género femenino y, a decir de sus más feroces –pero atinados- críticos, destacó no sólo por las limitaciones derivadas de su servidumbre a una concepción tan pobre como el realismo sino también por la escasa altura intelectual de sus planteamientos . Basta revisar algunos de los títulos de sus textos para entenderlo. Nadie que haya escrito obras como Nido vacío , Rosas de Otoño y El nietecito podría considerarse como un hombre de avanzada.

Lejos estaba su contexto y su geografía para que las ideas manejadas por Platón en torno a lo que debe ser el Estado, estuvieran presentes como lo estuvieron en los preceptos de los liberales del siglo XIX mexicano, como Benito Juárez, Sebastián Lerdo de Tejada y Vicente Riva Palacio.

Estos últimos casi por primera vez en la Historia de México consideraron la necesidad de crear instituciones para la educación de las mujeres. Juárez mismo, que dio argumentos a favor de la secularización de la enseñanza y de los establecimientos educativos que habían estado en manos de la Iglesia desde la conquista, sostuvo en su programa de gobierno del de enero de 1861 que: secularizando los establecimientos de utilidad pública, se atenderá también a la educación de las mujeres, dándoles la importancia que merecen por la influencia que ejercen en la sociedad .

Tal influencia floreció pocos años después. En 1870 un sector de mujeres se organizó en torno al periódico Siempre viva’’. De aquella reunión resultaría la primera publicación periódica mexicana escrita y dirigida por mujeres, el ilustre semanario Las mujeres del Anáhuac. Justo el 19 de octubre de 1873 apareció la primera edición.

Las editoras, Guadalupe Ramírez, Concepción García y Ontiveros y Josefa Castillo, aconsejaban escribir a las mujeres, porque "ya no es mal visto que la mujer escriba y exprese sus sentimientos por medio de la pluma".

El subtítulo decía, orgullosamente que era un periódico literario redactado sólo por señoras . En un tono decididamente feminista dijo cosas muy adelantadas a su época: La mujer material que ayer vivía oscura y silenciosa al pie de la cuna de sus hijos, que no podía educar porque sólo servía de nodriza, ha despertado hoy para la vida de progreso y se encargó de promulgar un mensaje eminentemente ilustrado; Venimos al estadio de la prensa a llenar una necesidad: la de instruirnos, y propagar la fe que nos inspiran las ciencias y las artes .

Después de tan escandalosas declaraciones por escrito las féminas ya no pudieron detenerse. No pasaron ni tres números cuando en un titular una articulista declaraba Las mujeres no sólo son un útero . No hubo quien pensara que no había problema, que todo fuera como eso, que las mujeres podían escribir también hasta de sus partes pudendas… El mundo parecía estar a punto de acabarse… Nada más faltaba que las mujeres votaran. Y luego se pusieran a hacer leyes.

Únete infórmate descubre

Suscríbete a nuestros
Newsletters

Ve a nuestros Newslettersregístrate aquí
tracking reference image

Últimas noticias

Noticias Recomendadas

Suscríbete