Como parte del XIV Foro de Derechos Humanos del Sistema Universitario Jesuita, que este año tuvo sede en el Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Occidente (ITESO) y cuyo tema central fue “Derechos Humanos: Las deudas, capacidades y voluntades del Estado”, para el cual fueron convocados activistas, periodistas, académicos y defensores de derechos humanos, se presentó y se abrió una discusión en torno al largometraje documental Los fiscales (The Prosecutors), filmado en 2018 por la realizadora estadounidense Leslie Thomas, un trabajo que aborda la lucha de los fiscales en defensa de personas sobrevivientes de violencia sexual en tres países en procesos de transición después de conflictos bélicos internos, como el Congo, Bosnia y Herzegovina y Colombia.

Pero no sólo eso, el trabajo fílmico presentado en el marco del XIV Foro de Derechos Humanos pone en evidencia la lucha de las víctimas sobrevivientes de violencia contra la estigmatización y la revictimización al momento de enfrentar procedimientos judiciales en la búsqueda de justicia y reparación del daño. Se trata de un trabajo fílmico que se siente cercano a las circunstancias que enfrentamos en México. Por ese motivo, conversamos con la realizadora sobre el filme.

Filmar la búsqueda de justicia

“He invertido los últimos 15 o 20 años trabajando en temas vinculados con la violencia sexual y de género, en todo tipo de contextos: de conflicto, sin conflicto, de transición, domésticos, en fin, diversos. Pero la mayoría de mi experiencia se basa en situaciones de conflictos internos o las instancias posteriores, en contextos de gobiernos frágiles que propician un problema secundario en el que no sólo vemos casos de violencia sexual sino la ausencia de acceso a la justicia”, explica.

Uno de los detonantes de la cinta, comparte, fue que las propias personas sobrevivientes de violencia sexual en dichos países trabajaron junto con defensores de derechos, abogados y legisladores para la construcción de marcos legales que prohibieran el abuso sexual en contextos bélicos o de transición.

El punto álgido del asunto, comparte Thomas, ha sido la implementación de esos marcos legales para la procuración de justicia y la reparación del daño hacia las víctimas. Y esa problemática se convirtió en el tema central del filme. “Pudimos hallar a los abogados, a los fiscales, y hacer una película acerca de este proceso, mostrar lo que están haciendo, sus adversidades en una lucha contra un sistema inestable”.

Tres contextos de transición

“Lo que mucha gente me decía es: ‘no necesito que hagas otra película preguntándome qué fue lo que me pasó’. Y estuve de acuerdo, no es mi trabajo explicarle a la gente qué se siente ser violada o agredida sexualmente, porque las agresiones sexuales toman muchas formas. Yo tampoco quería hacer una película preguntándole a la gente qué le pasó, sino una cinta en la que ellos nos dijeran qué quieren que nosotros hagamos al respecto”, comparte la cineasta.

Explica que eligió estos tres países porque poseen estructuras legales distintas, así como procesos diferenciados. Mientras que en Bosnia se empezó el filme a 25 años del final del conflicto armado, y ya con la presencia de instituciones de procuración de justicia locales y nacionales, en el Congo se vive ahora mismo un periodo de transición del conflicto, por lo que todavía es evidente la inestabilidad de las instituciones, pero, aboga la cineasta, no es necesario esperar a un periodo de estabilidad para la defensa de los derechos de las víctimas colaterales del conflicto bélico, aunque en este caso se tiene que hacer a través de una corte militar, “pero hay muy buenos jueces y abogados en el Congo que están haciéndolo muy bien, y me interesaba mostrarlo”.

Finalmente, en Colombia, refiere Thomas, al momento de rodar la cinta se llevaba a cabo el proceso de reconciliación llamado De Justicia y Paz, en cuyo proceso había una gran cantidad de violentadores que simplemente podían mentir, asegurar que no habían cometido ningún delito sexual durante el conflicto armado, y salir bien librados, mientras que las víctimas quedaban de nuevo desprotegidas. El trabajo del filme fue mostrar la lucha de las personas defensoras de derechos y representantes legales para conseguir penas para quienes deben pagar delitos que trascienden cualquier tipo de amnistía.

Datos para ser contados con arte

Por último, cuestionada sobre el poder del arte para generar transformaciones de justicia en contextos tan complejos como los que retrata en Los fiscales, Leslie Thomas responde: “creo que el arte tiene una manera única de darnos acceso a historias complejas y duras. Es decir, necesitamos estadísticas, necesitamos hechos, pero también requerimos de imágenes, de cosas que nos sensibilicen y el arte puede hacer eso. A mí me gustan los datos, mi padre era estadístico, así que me interesa razonar la investigación, analizar los datos y entonces encontrar una manera artística de contar la historia y tener claro de que cuando cuento una historia hay muchas versiones de la misma”.

¿Quién es Leslie Thomas?

Es la fundadora de Art Works Projects y ganadora de un premio Emmy en el 2000 por la dirección de arte de la película Introducing Dorothy Dandridge. Su trabajo multimedia, centrado en los derechos humanos, ha recorrido cinco continentes en los principales entornos políticos, académicos y culturales. Ha impulsado proyectos expositivos y editoriales con temas como la mutilación genital femenina y el impacto de la guerra en los niños de Siria. En 2016 impulsó en Chicago la exposición fotográfica 43: Secuelas de una desaparición, del fotógrafo mexicano Emmanuel Guillén Lozano. Actualmente se encuentra en el proceso de preproducción de una película narrativa sobre los derechos de las mujeres y de desarrollo de una película sobre el movimiento por la independencia de Irlanda.

ricardo.quiroga@eleconomista.mx