Este martes, la jefa de Gobierno de la Ciudad de México, Claudia Sheinbaum Pardo, anunció que será una réplica de la escultura denominada como la Joven de Amajac, la que sustituirá a la de Cristóbal Colón en la glorieta de Paseo de la Reforma.

La escultura de la joven huasteca que estará a cargo del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) medirá aproximadamente seis metros y reproducirá los rasgos de la original que mide casi dos metros y que se encuentra a resguardo en el Museo Nacional de Antropología.

Pero…¿De quién se trata y cuál es su origen?

El primer día de este 2021, habitantes de la comunidad de Hidalgo Amajac, Veracruz, descubrieron la escultura femenina dentro de un terreno citrícola. Tras una inspección realizada el 4 de enero por expertos del INAH, se ratificó no sólo que la pieza es prehispánica, sino que también es la primera de su tipo localizada en la cuenca del río Tuxpan, al sur de la huasteca veracruzana.

“Esta magnífica representación femenina permite corroborar lo plasmado en las fuentes etnohistóricas acerca del papel relevante de las mujeres en esta región cultural, al tiempo que abre nuevas líneas de investigación en torno al esplendor de la huasteca desde la época prehispánica”, expresó ante el hallazgo el director general del INAH, Diego Prieto Hernández.

La escultura de la Joven de Amajac se encuentra a resguardo en el Museo Nacional de Antropología. Foto EE: Cortesía INAH

Una joven mujer de élite

De acuerdo con la investigadora del Centro INAH Veracruz, la arqueóloga María Eugenia Maldonado Vite, encargada de la inspección en campo, esta pieza representa a una joven mujer de élite, “posiblemente gobernante por su postura y atavíos, más que a una deidad como se han interpretado casi todas las esculturas huastecas femeninas, a las cuales se vincula con la diosa Tlazoltéotl”.

La figura está elaborada en roca caliza y mide alrededor de 2 metros de altura, 60 centímetros en su parte más ancha y tiene 25 centímetros de grosor. Su buen estado de conservación permite observar sus rasgos, así como su espiga, elemento que permitía contemplarla erguida, detalló la arqueóloga.

Luce un rostro pequeño, ojos abiertos y huecos –“los cuales debieron estar rellenos con incrustaciones de obsidiana u otra piedra”–, con un tocado alto, un collar al centro del cual se distingue un adorno en forma de gota, conocido como oyohualli, un torso ataviado con una camisa de mangas largas y una larga falda que llega hasta los tobillos y revela el par de pies desnudos.

Dada su ubicación geográfica entre los sitios arqueológicos de Tochpan (Tuxpan) y Castillo de Teayo, la pieza está ligada a la tradición escultórica y a la cultura huasteca, aunque presenta ciertos rasgos del centro de México, cuando en la región se hizo notoria la influencia de la Triple Alianza, lo que la colocarían temporalmente hacia el Posclásico Tardío (1450-1521 d.C.).

Durante la visita de inspección, comenta la arqueóloga María Eugenia Maldonado Vite, se notó que la pieza estaba dentro de un sitio arqueológico hasta ahora desconocido pero extenso.

En éste no se han reconocido estructuras monumentales cercanas, sino más bien estructuras bajas, probablemente habitacionales, por lo que una probabilidad es que la talla, que se encontraba boca abajo, causó que pareciese una piedra a los ojos de los pobladores, y fuera movida de su lugar original y llevada hasta allí, incluso, desde tiempos prehispánicos.

La Joven de Amajac sustituirá al monumento a Colón en Paseo de la Reforma. Foto EE: Especial / Captura de video

“El estilo de la Joven de Amajac es similar a representaciones de diosas huastecas de la tierra y la fertilidad, pero con una influencia externa, posiblemente nahua, como se aprecia en el hueco de los ojos para incrustaciones, rasgo que no pertenece a la escultura huasteca clásica sino más bien a la mexica. Además, el paño que presentan las mujeres huastecas frente a la falda es siempre liso, y en ésta existe un adorno de nudos y listones”.

El hallazgo de la Joven de Amajac, concluye la arqueóloga María Eugenia Maldonado, no sólo arroja más luces sobre la existencia de una consolidada tradición escultórica en la región, sino que es ejemplo “de una fusión tardía de las diosas Teem con las representaciones de mujeres de alto estatus social o político en la huasteca, las cuales se han malinterpretado como Tlazoltéotl”, pero que se distinguen de esta deidad al no portar nariguera, boca con chapopote, ni tener husos con borlas de algodón, a la par que reitera la importancia de las mujeres en la estructura política huasteca.

kg