Uno de los grandes momentos del pasado Óscar fue cuando Asghar Farhadi, el cineasta iraní ganador a mejor película en lengua no inglesa, no fue a recibir su premio. La prohibición de Trump a recibir viajeros de países musulmanes impidió a Farhadi asistir. O quizá sí pudo asistir, pero decidió no hacerlo en protesta. La segunda opción me gusta más.

Farhadi es un genio. ¿Vieron La separación? Es la película definitiva sobre el divorcio. No importa qué religión, qué lengua, el color de la piel: Farhadi sabe atrapar en un centímetro cúbico más humanidad que miles de cineastas hollywoodenses que sólo repiten fórmulas.

Esta vez el iraní ganó con El cliente y es una cinta de una belleza complicada. Tiene una escena muy violenta que no es fácil de ver.

Emad (Shahad Hosseini) y Rana (Taraneh Alidoosti) son una pareja joven y urbana. Son intelectuales. Él es profesor universitario, ella es actriz amateur. Los dos participan por diversión en una puesta de La muerte de un viajante, de Arthur Miller.

El aura estadounidense importa. Irán es un país bajo un régimen autoritario mientras que Estados Unidos es, supuestamente, la democracia perfecta. ¿Es así? No está mal hacer preguntas , les dice Emad a sus alumnos de literatura. Y muchas preguntas van surgiendo a lo largo de la historia.

¿Recuerdan hace unos diez años cuando estaba muy de moda entre los cinéfilos sofisticados ver cine iraní? La gran fuerza de Farhadi es que su cine no es iraní (aunque sus personajes sean definitivamente iraníes), es humano. Como dice la crítica MaryAnn Johanson, esta historia podría bien suceder en Tokio, Nueva York o, sí, la Ciudad de México.

Rana, que pasa gran parte de sus días en casa, es atacada por un intruso. La golpea, la viola. Es un trauma horrendo.

Emad no puede lidiar con el asunto. Necesita, de verdad necesita, saber quién atacó a su esposa para alcanzar algún tipo de justicia. Rana no quiere saber nada del asunto. Tanta vergüenza ya es suficiente.

El sexo es el tema latente. Fue justo en su sexo donde la lastimaron. Emad no puede ni hablar del asunto.

Ser un adulto es difícil. Esta reflexión mía puede sonar estúpida, pero a lo que me refiero es que los personajes de El cliente son claramente adultos; sin embargo, parecen niños desamparados ante la violencia. ¿No nos pasaría a todos? ¿Cuál es la manera adulta de enfrentar un ataque tan degradante?

El cliente no sólo es una historia sobre un matrimonio, es un fresco que pinta a la humanidad. Los sentimientos son reales y una sale de la sala con la sensación de haber experimentado en piel y sangre lo que sucedió en la pantalla.

Asghar Farhadi es un cineasta al que hay que seguirle la pista. Mientras muchos de sus colegas apenas están en el punto de salida preguntándose cómo contar una historia que tenga verdad, él ya ganó la carrera. Oh, humanidad, ¿cuándo quedaste tan desvalida?

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