EL 18 de mayo del 2007, la empresa Odyssey Marine Exploration enseñaba a las cámaras del mundo su hallazgo, el mayor tesoro submarino de la historia, un botín de 17 toneladas de monedas antiguas en un barco de película, el que se llamó Cisne Negro. Las 500,000 piezas de oro y plata fueron valoradas entonces en 370 millones de euros, mucho más de lo que valía la empresa en el Nasdaq, el mercado en el que cotiza.

Su descubrimiento disparó las acciones, que ese mismo día elevaron sus cotización de 4.6 dólares hasta 8.32 dólares, 80.9% más, duplicando la capitalización bursátil de la empresa: de los 334.8 millones de dólares (248.6 millones de euros) de partida, Odyssey pasó a valer 605.7 millones de dólares (449.8 millones de euros). Acaparó en breve tiempo dos tesoros, uno en monedas y otro en valor bursátil. La noche del 17 de mayo del 2007, un Boeing 757 fletado por Odyssey desde Gibraltar voló rumbo a Tampa con el cargamento de monedas perdido hacía más de 200 años.

NI TESORO NI ACCIONES

Hoy, la empresa está desposeída de ambos bienes. La pérdida de las monedas ha sido abrupta pero anunciada. Después de cinco años de informes, demandas, recursos y tribunales, el Estado español ha logrado que se reconociera la propiedad del pecio cargado de oro, que no se llamaba Cisne Negro sino Nuestra Señora de las Mercedes y era una fragata española. Durante este mes de febrero, la empresa ha perdido todos los recursos y se ha visto obligada por los tribunales de EU a devolver el cargamento.

El gobierno español inició el viernes el embarque del tesoro en dos aviones Hércules, en Tampa (Florida), para su traslado a España, en un despliegue de seguridad máximo. De hecho, el valioso cargamento se ha introducido en contenedores blancos, según explicaba el viernes el Ministerio de Cultura. Un tercio de su espacio estaba ocupado por monedas u otro material del tesoro, un tercio estaba lleno de líquido y el resto, vacío. Los contenedores se apilaron en palés y, bajo un plástico negro, se etiquetaron todos ellos con un identificativo del gobierno de España.

El destino del tesoro no puede ser otro que su conservación, según explicaron fuentes allegadas a la operación a Efe, de la que tendrá que encargarse el Ministerio de Cultura español a través de la Dirección General de Bellas Artes, Bienes Culturales y de Archivos y Bibliotecas, cumpliendo con la Ley de Patrimonio.

Las acciones de la compañía han ido desangrándose en este tiempo. Los 8 dólares por acción no los vieron nada más que durante las jornadas cercanas al descubrimiento. En cuanto empezó a ponerse en duda la propiedad del navío y el gobierno español reclamó el barco y su contenido, los títulos perdieron fuste hasta acabar por debajo del valor que tenían cuando encontraron el tesoro. El 17 de mayo del 2007, el día de antes del Cisne Negro, valían 4,6 dólares. El viernes cerraron a 3.15 dólares, 3.96% menos respecto de la cotización del día anterior.

Esto supone que la empresa ha perdido en este tiempo unos 373.5 millones de dólares (unos 277.3 millones de euros) en capitalización bursátil. El botín siempre ha valido más que la compañía pero ahora el monto de la empresa cazatesoros que se compra y vende en Bolsa es menor que cuando sólo buscaban el barco. El 17 de mayo del 2007 valía 248.6 millones de euros.

Sin embargo, el cargamento del pecio Nuestra Señora de las Mercedes, que llegó el sábado a la base aérea de Torrejón, en Madrid, no está completo. Una parte sin determinar se quedó en Gibraltar. Fuentes de Cultura precisaron a Europa Press que Odyssey está obligada a entregar estas piezas. Se estima que faltan 59 piezas.