Los estantes de las librerías recibieron en estos días tres novelas policiacas hechas por tres auténticos maestros del género: el sueco Lapidus, el estadounidense Winslow y la francesa Vargas. Imprescindibles.

Una vida de lujo, de Jens Lapidus. (SUMA)

La tercera entrega de la Trilogía Negra de Estocolmo sigue estando aparte del resto de los policiacos escandinavos. A Lapidus no le interesan los detectives meditabundos, la sociedad de bienestar que se va por la borda o los crueles crímenes en la nieve. Más cercano a James Ellroy, la suya es una saga del crimen que sigue tres ámbitos del bajo mundo de Estocolmo. Jorge, un dealer chileno; JW, estudiante que en la primera entrega vendía coca en los rincones más podridos de la élite local. Y el creciente poder de la mafia serbia en todos los aspectos de la vida criminal.

Salvajes, de Don Winslow (Martínez Roca)

El boom de la novela negra en España ha llevado a que se publiquen autores de culto que antes sólo circulaban en las librerías en inglés. Don Winslow es uno de ellos. Después de su magnífica reconstrucción del narco mexicano en El poder del perro, la obra de Winslow encontró cabida en varias editoriales. Salvajes se inserta en la misma mitología, dura, sangrienta y sin concesiones, que Winslow construyó para el bajo mundo fronterizo en México. La novela transcurre en Baja California, mientras Ben, Chon y Ophelia se las tienen que ver con el Cártel de Baja.

El ejército furioso, ?de Fred Vargas (Siruela)

La serie del comisario Adamsberg es una de las cimas del policiaco francés reciente. Vargas, quien ha sido llamada más de una vez la reina en esta singular monarquía de autores criminales europeos, suele tener un acercamiento poco científico. Adamsberg, que se guía más por la hilación subjetiva de sus intuiciones, suele enfrentar casos que se presumen de índole sobrenatural, para luego revelar sus raíces criminales mundanas. En esta ocasión, se trata de una terrorífica leyenda medieval normanda: el ejército furioso, una horda de caballeros muertos vivientes que recorren el bosque haciendo justicia por su propia mano.